Guerra Total en Raabe

La Importancia de ser Puntual

Bortas

Cuando llegaron Bortas les esperaba bastante malhumorado por el retraso, hacía ya rato que tenían que haber terminado con el tema, y aún ni habían salido, montaron en su carro, y fueron al lugar de la cita. Cornellius y Acromion estuvieron de acuerdo en que Raven fuera a pie a una distancia prudencial, para ver si alguien les seguía. En el camino Bortas les explicó que había quedado con un contrabandista que le iba a entregar una mercancía en las afueras de la ciudad en un claro del bosque, cerca del muro norte. No era la primera vez que trataba con él, y esperaba que no fuera la última después de este retraso.
Finalmente, tras unos pocos minutos de refunfuños por parte de Bortas, la pequeña carreta dejó atrás el improvisado campamento de refugiados, para adentrarse en el bosquecillo junto a las murallas de la ciudad. El pequeño farol del carro iluminaba tétricamente los cercanos árboles del camino mientras se aproximaban al lugar del encuentro, un pequeño claro en el bosque.

Al llegar al claro, los contrabandistas reaccionaron asustados, apuntando a nuestros amigos con sus ballestas. Ya no esperaban a Bortas y su séquito. Raven permaneció oculto en el linde del claro observando la situación desde una distancia segura. Eran cinco, dos sobre un carro iluminado con un par de faroles, otro al pie del mismo y otros dos apoyados en arboles cercanos. Todos con sus ballestas preparadas y apuntando al peculiar grupo recién llegado.

Pese a que los contrabandistas están visiblemente nerviosos, Bortas consiguió calmarlos a base de excusarse por el retraso y de regatear nuevos precios de la mercancía. Tras unos minutos en este tipo de menesteres, uno de los contrabandistas da una señal de alarma, unos jinetes se aproximan!

El que parece el líder de los contrabandistas, le dice a Bortas que aparte el carro, y que se mantenga callado él y sus hombres. Llegan sus siguientes compradores de la noche.

Raven desde su posición también los oye, y es el primero en ver a los cinco jinetes a caballo que entran en el claro, visten armaduras metálicas, y van espada en mano, dos de ellos llevan un farol para iluminar el camino, y todos van encapuchados ocultando sus rasgos.

Se detienen a pocos metros del carro de los contrabandistas, y tras unos segundos de observación mutua, uno de los jinetes se acerca hasta el carro donde se encuentra el líder contrabandista.

- ¿Quienes son estos?.- pregunta con un extraño acento extranjero. - Naide, ayudantes por lo que pueda surgir.- Responde el contrabandista. - ya,.... ¿donde está? - ahí mismo- indica el trapichero, haciendo una seña a uno de los muchachos con ballesta, el cual levanta una lona que cubre un ataúd, sonriendo estúpidamente ante lo que considera una idea original. - No estará…? - nooo, tranquilo, está ferpectamente, solo es el envoltorio. El jinete se aproxima hasta el carro a examinar el ataúd. Uno de los contrabandistas, el de la sonrisa estúpida, comienza a quitar los clavos del ataúd bajo la atenta mirada de todos los presentes. La misma atenta mirada, que perpleja observa como el jinete abre una segunda sonrisa en el cuello del contrabandista con su espada, en un diestro, rápido e inesperado movimiento, seguido de un segundo golpe al cráneo del hasta el momento jefe de la pequeña banda de contrabandistas. En ese momento el caos se adueña del claro del bosque, los otros cuatro jinetes cargan como una máquina perfectamente engrasada contra el resto de contrabandistas, incluidos nuestros héroes, los cuales desenfundan sus armas y se preparan para defenderse, los ballesteros, perplejos no reaccionan quedándose en su sitio mirando la escena perplejos, al igual que Raven desde su escondite, que no da crédito a lo que está sucediendo ante su mirada. Los golpes se suceden uno tras otro, implacables, el pobre Bortas, recibe un feo corte que le parte la clavícula, Acromión se enfrenta al jinete que comenzó todo el follón consiguiendo hacerle caer del caballo, pero desgraciadamente, otros jinetes ocuparon su lugar no quedando más remedio que saltar de carro y huir. No sin antes sentir un pequeño estremecimiento al reconocer el aspecto de los atacantes, aunque con otras armaduras, esas cicatrices y tatuajes, en el rostro, y esos dientes afilados, no daban lugar a dudas, eran Drakkarim, la élite de los guerreros servidores del maligno. Cornellius, fue defendiéndose de las estocadas de uno de los jinetes mientras retrocedía hacia el bosque, hasta que finalmente el jinete volvió al claro con el resto de sus camaradas. Ocultos en el bosque a salvo, nuestros amigos observaron como al cabo de pocos minutos otros cuatro jinetes aparecen por el camino, a modo de refuerzos. Una vez reunidos todos los jinetes en el claro, se aproximaron al carro, abrieron el ataúd, y asestaban docenas de estocadas a lo que fuera que había en su interior. Después de esto, partieron a galope por el caminó dejando de nuevo el claro en un silencio estremecedor… Raven, Acromión y Cornellius salieron de sus escondites y se encaminaron hacia el carro, allí descubrieron el contenido del ataúd, un muerto, atravesado por docena de estocadas, se encontraba el cadáver de un hombre atado y amordazado. Las habilidades curativas de Acromión eran inútiles ante el trabajo realizado por los nueve jinetes, ya nada salvaría el alma del pobre diablo. Afortunadamente Bortas aun permanecía vivo, así como uno de los ballesteros, aunque de no ser por Acromión, no lo habrían contado. Subieron todos al carro y volvieron al campamento. El bueno de Cornellius aprovechó la coyuntura para ofertarle a Bortas, el cargamento, que por motivos fatales, el contrabandista ya no estaba en disposición de venderle. Tras unos pocos regateos, se dieron la mano cerrando el trato. Una caja con un buen montón de espadas para armar todo un batallón. Ya en el campamento, estuvieron varias horas meditando que hacer con el cadáver, y cavilando sobre todo lo que había pasado. Esperaron a ver si el contrabandista que habían rescatado podía iluminarles en algún sentido, pero el pobre desgraciado no sabía más que habían secuestrado al tipo del ataúd hace unos días y que había estado retenido en un sótano hasta el día de la entrega, pero no sabía quien era. Finalmente Raven que se desveló como una chica, con bastante poca sorpresa por parte de sus compañeros, propuso que dejaran el cadáver en el bosque y que ella disfrazada de campesina lo descubriera y alertara a los guardias de la ciudad. Así se hizo, y sorprendentemente funcionó, pues los guardias al ver el cadáver lo reconocieron como Volgrad, uno de los miembros del consejo de la ciudad.

Y en esas estamos, nuestros héroes siguen sin saber muy bien que rumbo tomar, parece que se decantan por ir hacia el oeste, rumbo a Slatok. Mandaron una carta a Eldrodden el viejo consejero de Tres Torres, por medio de uno de los cuervos que el mismo le había dado a Cornellius y Mulo antes de partir de la fortaleza hace ahora más de dos semanas. En ella le explicaban lo visto hasta el momento y sus próximos pasos para que el anciano pudiera seguirles la pista desde su lejano estudio, en la fortaleza de Tres Torres.

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McKlow

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