Guerra Total en Raabe

Bajando el río
Bandidos y soldados

NOTA: Esta partida ocurrió hace muchos años y la estoy escribiendo de memoria, si alguno se acuerda de algo que me lo diga.

Nuestros amigos, tras contratar la barcaza de los hermanos Marnucco, Hal y Fred, emprenden una nueva etapa de su viaje. Junto con el resto del grupo iban en la barcaza otros dos aventureros, Petra y Pluvio, que al igual que ellos iban camino de Slatok.

Últimamente está habiendo ataques en la zona de la frontera. El Lago de Vanderland (antiguo héroe de la mitología de la Unidad) es la frontera donde acaba el reinado de los clanes de Bertyris, y comienza la zona bajo influencia de Ragnar el Rojo. Preguntando a los dueños de la barcaza sobre la situación de la zona, dirán que está peliaguda, que aunque hasta hace unos meses, las cosas estaban más bien calmadas, de un tiempo a esta parte, las escaramuzas, reyertas y venganzas fronterizas se han multiplicado. Unos dicen que el causante de este nuevo brote de violencia es culpa de Herman de Cornailles (de la facción de Ragnar), que atacó la aldea de Braz sin previo aviso acabando con la vida de todos sus habitantes. Otros dicen que empezó Rodric Felden, apodado Lenguanegra (de la facción del clan Bertyris), que dicen violó y mató a las mujeres de toda la aldea de Rubecistia. No se sabe, lo cierto y verdad es que ambas aldeas están arrasadas, y las hostilidades no han dejado de sucederse por uno y otro bando. Por eso los hermanos Marnucco, viajan de noche, no quieren que les asocien con uno u otro bando, de hecho afirman ser justos, porque en cada misión favorecen a uno y a otro, depende de la dirección en la que viajen. Las aldeas de la zona próxima al lago están abandonadas, pues todos los hombres se han unido a uno u otro bando para luchar.

El primer incidente ocurrió en la posada de la “Última Cerveza”, donde unos bandidos aliados con el posadero intentaron robar y asesinar a todos los viajeros. Obviamente para unos aventureros que han cruzado la espina de parte a parte, atravesando los ejércitos enemigos, esto no supuso más que una leve distracción y algunos arañazos.

El segundo incidente ocurrió al encontrarse con una barricada que impedía el paso a la barcaza, una enorme construcción de madera que cruza el rió de parte a parte, cientos de listones de madera, restos de barcas, cabañas, escudos, y todo lo que se pueda imaginar forman esta fea pero efectiva barrera que impide que ninguna embarcación pueda pasar. En el centro de la construcción hay elaborada una especie de puerta confeccionada con varios cascos de botes, y maderas que los unen entre si. La barricada está patrullada por arriba por una decena de guerreros armados. La bandera de Cornailles (una rosa con dos espadas cruzadas debajo) ondea a ambos lados de la Barricada.

A partir de aquí todo está confuso, de repente comenzó un ataque por parte del bando enemigo, el clan Felden, luchando por la toma de la barricada del río. El caos es mayúsculo, y entre las flechas que vuelan impactando al azar, y los gritos de la batalla, nuestros amigos sobreviven como pueden. En medio de la refriega, algo les llama la atención.
Apoyado en un árbol, un guerrero se quita el yelmo, sus facciones son características de un Drakkarim, va de árbol en árbol, evitando meterse en combates directos, eso si, cuando le atacan se defiende bastante correctamente. Parece que al igual que ellos, está buscando salir de allí.
Mientras le siguen un desafortunado proyectil, le alcanza en un pie haciéndolo caer. Lo que permite a un par de guerreros junto a él acabar el trabajo comenzado por algún arquero anónimo.
Entre sus ropas encuentran varios objetos, entre los que cabe destacar un extraño mapa.

Finalmente y con la ayuda de algunos de nuestros amigos, los de Cornailles consiguen defender el puente rechazando a los atacantes. Gracias a su ayuda, les dejan pasar la barricada, para que prosigan su viaje rumbo a Slatok.

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La Importancia de ser Puntual

Bortas

Cuando llegaron Bortas les esperaba bastante malhumorado por el retraso, hacía ya rato que tenían que haber terminado con el tema, y aún ni habían salido, montaron en su carro, y fueron al lugar de la cita. Cornellius y Acromion estuvieron de acuerdo en que Raven fuera a pie a una distancia prudencial, para ver si alguien les seguía. En el camino Bortas les explicó que había quedado con un contrabandista que le iba a entregar una mercancía en las afueras de la ciudad en un claro del bosque, cerca del muro norte. No era la primera vez que trataba con él, y esperaba que no fuera la última después de este retraso.
Finalmente, tras unos pocos minutos de refunfuños por parte de Bortas, la pequeña carreta dejó atrás el improvisado campamento de refugiados, para adentrarse en el bosquecillo junto a las murallas de la ciudad. El pequeño farol del carro iluminaba tétricamente los cercanos árboles del camino mientras se aproximaban al lugar del encuentro, un pequeño claro en el bosque.

Al llegar al claro, los contrabandistas reaccionaron asustados, apuntando a nuestros amigos con sus ballestas. Ya no esperaban a Bortas y su séquito. Raven permaneció oculto en el linde del claro observando la situación desde una distancia segura. Eran cinco, dos sobre un carro iluminado con un par de faroles, otro al pie del mismo y otros dos apoyados en arboles cercanos. Todos con sus ballestas preparadas y apuntando al peculiar grupo recién llegado.

Pese a que los contrabandistas están visiblemente nerviosos, Bortas consiguió calmarlos a base de excusarse por el retraso y de regatear nuevos precios de la mercancía. Tras unos minutos en este tipo de menesteres, uno de los contrabandistas da una señal de alarma, unos jinetes se aproximan!

El que parece el líder de los contrabandistas, le dice a Bortas que aparte el carro, y que se mantenga callado él y sus hombres. Llegan sus siguientes compradores de la noche.

Raven desde su posición también los oye, y es el primero en ver a los cinco jinetes a caballo que entran en el claro, visten armaduras metálicas, y van espada en mano, dos de ellos llevan un farol para iluminar el camino, y todos van encapuchados ocultando sus rasgos.

Se detienen a pocos metros del carro de los contrabandistas, y tras unos segundos de observación mutua, uno de los jinetes se acerca hasta el carro donde se encuentra el líder contrabandista.

- ¿Quienes son estos?.- pregunta con un extraño acento extranjero. - Naide, ayudantes por lo que pueda surgir.- Responde el contrabandista. - ya,.... ¿donde está? - ahí mismo- indica el trapichero, haciendo una seña a uno de los muchachos con ballesta, el cual levanta una lona que cubre un ataúd, sonriendo estúpidamente ante lo que considera una idea original. - No estará…? - nooo, tranquilo, está ferpectamente, solo es el envoltorio. El jinete se aproxima hasta el carro a examinar el ataúd. Uno de los contrabandistas, el de la sonrisa estúpida, comienza a quitar los clavos del ataúd bajo la atenta mirada de todos los presentes. La misma atenta mirada, que perpleja observa como el jinete abre una segunda sonrisa en el cuello del contrabandista con su espada, en un diestro, rápido e inesperado movimiento, seguido de un segundo golpe al cráneo del hasta el momento jefe de la pequeña banda de contrabandistas. En ese momento el caos se adueña del claro del bosque, los otros cuatro jinetes cargan como una máquina perfectamente engrasada contra el resto de contrabandistas, incluidos nuestros héroes, los cuales desenfundan sus armas y se preparan para defenderse, los ballesteros, perplejos no reaccionan quedándose en su sitio mirando la escena perplejos, al igual que Raven desde su escondite, que no da crédito a lo que está sucediendo ante su mirada. Los golpes se suceden uno tras otro, implacables, el pobre Bortas, recibe un feo corte que le parte la clavícula, Acromión se enfrenta al jinete que comenzó todo el follón consiguiendo hacerle caer del caballo, pero desgraciadamente, otros jinetes ocuparon su lugar no quedando más remedio que saltar de carro y huir. No sin antes sentir un pequeño estremecimiento al reconocer el aspecto de los atacantes, aunque con otras armaduras, esas cicatrices y tatuajes, en el rostro, y esos dientes afilados, no daban lugar a dudas, eran Drakkarim, la élite de los guerreros servidores del maligno. Cornellius, fue defendiéndose de las estocadas de uno de los jinetes mientras retrocedía hacia el bosque, hasta que finalmente el jinete volvió al claro con el resto de sus camaradas. Ocultos en el bosque a salvo, nuestros amigos observaron como al cabo de pocos minutos otros cuatro jinetes aparecen por el camino, a modo de refuerzos. Una vez reunidos todos los jinetes en el claro, se aproximaron al carro, abrieron el ataúd, y asestaban docenas de estocadas a lo que fuera que había en su interior. Después de esto, partieron a galope por el caminó dejando de nuevo el claro en un silencio estremecedor… Raven, Acromión y Cornellius salieron de sus escondites y se encaminaron hacia el carro, allí descubrieron el contenido del ataúd, un muerto, atravesado por docena de estocadas, se encontraba el cadáver de un hombre atado y amordazado. Las habilidades curativas de Acromión eran inútiles ante el trabajo realizado por los nueve jinetes, ya nada salvaría el alma del pobre diablo. Afortunadamente Bortas aun permanecía vivo, así como uno de los ballesteros, aunque de no ser por Acromión, no lo habrían contado. Subieron todos al carro y volvieron al campamento. El bueno de Cornellius aprovechó la coyuntura para ofertarle a Bortas, el cargamento, que por motivos fatales, el contrabandista ya no estaba en disposición de venderle. Tras unos pocos regateos, se dieron la mano cerrando el trato. Una caja con un buen montón de espadas para armar todo un batallón. Ya en el campamento, estuvieron varias horas meditando que hacer con el cadáver, y cavilando sobre todo lo que había pasado. Esperaron a ver si el contrabandista que habían rescatado podía iluminarles en algún sentido, pero el pobre desgraciado no sabía más que habían secuestrado al tipo del ataúd hace unos días y que había estado retenido en un sótano hasta el día de la entrega, pero no sabía quien era. Finalmente Raven que se desveló como una chica, con bastante poca sorpresa por parte de sus compañeros, propuso que dejaran el cadáver en el bosque y que ella disfrazada de campesina lo descubriera y alertara a los guardias de la ciudad. Así se hizo, y sorprendentemente funcionó, pues los guardias al ver el cadáver lo reconocieron como Volgrad, uno de los miembros del consejo de la ciudad.

Y en esas estamos, nuestros héroes siguen sin saber muy bien que rumbo tomar, parece que se decantan por ir hacia el oeste, rumbo a Slatok. Mandaron una carta a Eldrodden el viejo consejero de Tres Torres, por medio de uno de los cuervos que el mismo le había dado a Cornellius y Mulo antes de partir de la fortaleza hace ahora más de dos semanas. En ella le explicaban lo visto hasta el momento y sus próximos pasos para que el anciano pudiera seguirles la pista desde su lejano estudio, en la fortaleza de Tres Torres.

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De azares y reencuentros inesperados.
La casualidad no existe
El día amaneció despejado, y los pájaros comenzaron su concierto diario en las orillas del lago Aloe. La luz del sol comenzó a iluminar los altos muros de la fortaleza de Bertland, y poco a poco, con la pereza habitual de cada mañana, las sombras se iban apartando de la ciudad a sus pies, y desvelando las primeras actividades diurnas. Incluso en la mugrienta y cada vez más grande ciudad exterior, los exiliados comienzan a salir de sus tiendas, para hacer sus necesidades y preparar sus desayunos. En las puertas de la ciudad se van apiñando los más madrugadores para intentar conseguir algún salvoconducto. En los improvisados puestos callejeros, otros van preparando sus productos por si alguien les cambia alguno de ellos por dinero, u otro bien igual de valioso. En la taberna flotante de Fergusson, también comenzaba la actividad. Los diferentes cargamentos de cerveza, leche de cabra, y cerdo, subían y bajaban por la rampa de acceso, cruzándose con los primeros clientes que tomaban el potente desayuno en oferta esa semana.

Olaf ferguson

Un paisano en la taberna comenzó a hablar de los problemas de escasez que se avecinaban, dado lo alto de la demanda, y la poca oferta. Pero a Olaf Fergusson, nunca le preocuparon los problemas, Olaf es un hombre de recursos. Cuando llegó a Bertland, hace una semana, y vio que el acceso a la ciudad estaba prohibido, pensó en seguir río arriba hasta Lakoburgo, pero al ver que la gente en lugar de marcharse, se quedaba, decidió que podía aprovecharse de ello un tiempo. Así fue que varó su barcaza, construyó un embarcadero para que cualquiera pudiera acceder a ella, le cambió a un carpintero un montón de sacos de grano y arroz, a cambio de unos taburetes y unas mesas. Apalabró algunos tratos con un criador de cerdos, y con un cervecero, naciendo así la populosa taberna flotante de Fergusson.

Olaf observó por encima de la barra como el pequeño Raven entraba en la taberna y se ponía el delantal para atender a los pocos parroquianos que ya estaban desayunando. -Buenos días Olaf. -Hola pequeño, ¿tu dorrmir bien? En mesa trres pedirr cuajo y dos piezas de pan con miel. El joven muchacho llevaba trabajando para él desde que llegó a la ciudad, llegaba algo tarde, pero ayudaba a Olaf, era limpio, y trataba bien a los clientes. Olaf estaba contento con él.

El día transcurría más o menos como siempre, del este llegaba algún nuevo grupo de exiliados contando lo mismo que otros, los Giaks campaban a sus anchas, y el clan Findal, en lugar de luchar contra ellos, se replegaba. Algunos decían que incluso se había aliado con esas criaturas. Los jefes de clan que no estaban de acuerdo con esta política o huían o morían. Los recién llegados intentaban entrar en la ciudad, pero se enteraban de que Signus Bertyris había cerrado las puertas, prohibiendo el acceso a al ciudad salvo a los residentes y a los que poseyeran un salvoconducto. Entonces se instalaban con los otros miles de exiliados en el exterior, plantaban un campamento, y comenzaban a intentar buscarse la vida.

Hubo un pequeño detalle que hizo que el día fuese algo distinto, un viejo conocido de Olaf, Bortas, con el que ya había tratado alguna vez, apareció por la taberna. Tras los abrazos y saludos de rigor, le comentó que tenía un “asuntillo” esta misma noche para el que necesitaba un poco de seguridad de alquiler. El negocio no entrañaba peligro a priori, pero en los tiempos que corrían nunca se sabe, era preferible gastarse unos cuartos a cambio de un mínimo de seguridad. Olaf prometió que si veía a alguien con cualidades, se lo comentaría por si acaso. De echo, recordó que uno de sus clientes habituales podía estar interesado. Un chico joven, silencioso con aspecto de haber guerreado más de dos veces, y pinta de estar a verlas venir.

Efectivamente, como todos los días, el chico apareció a primera hora de la tarde, se sentó en el sitio de siempre, y Olaf tuvo que atenderle, como siempre, porque Raven se acababa de marchar un momento a la bodega. Pidió la oferta del día, medio de cerveza con un plato de orejas, y se quedó allí descansando y observando a todo el que entraba y salía. Al rato se levantó y fue a hablar con Olaf, le preguntó si tenía patatas pues quería hacerse un guiso con unas salchichas que acababa de comprar en un puesto. Olaf aprovecho la coyuntura para comentarle el negocio de su amigo Bortas. Al chico pareció interesarle el asunto, pues marchó a hablar con Bortas nada más salir de la taberna.

Otro incidente vino a romper la rutina diaria de la taberna flotante de Fergusson. Ya avanzada la tarde cuando Raven se encontraba recogiendo una mesa, una turba de enfurecidos hombres se aproximaba a la taberna desde el sur, el chico al verlos, dejó lo que estaba haciendo, y salió corriendo saltando por la borda. Los enfurecidos hombres parecía que le perseguían pues salieron en pos de Raven gritando y maldiciendo.

Y he aquí, que por azares del destino, el joven y huidizo Raven fue a tropezar con el guisó de salchichas y patatas del joven con el que horas antes Olaf había estado hablando. Al joven, que no le hizo ni pizca de gracia dicho azar, agarró por un pie a Raven, haciéndole caer en el barro de cara. Raven se giró aterrado, nunca sabremos si por la turba enfervorizada o por la mirada de pocos amigos del joven del guiso. De entre la turba de norteños surgió un hombre, que con expresión de gran alegría se acercó al joven. Éste soltó el pie del chico.

- ¿Acromion?. – Dijo con cara de asombro.

- ¡Cornellius!. – Le respondió el monje entre sorprendido y regocijado.

Tras esta breves palabras se abrazaron efusivamente ante la mirada perpleja de todos los presentes.

Pasada la sorpresa incial, la turba empezó a requerir a Cornellius que les entregara el muchacho, pero a nuestro amigo no le gustaron los malos modos de tales requerimientos. Parece ser que el muchacho había herido de muerte a uno de los suyos hace unos días en el camino hacia Bertland. Acromion como de costumbre intentó apaciguar a las masas, parecía que conocía a los norteños. Pero en un momento de descuido, el joven muchacho, origen de la disputa, salió corriendo, mandando al traste cualquier intento de negociación y desencadenando la inevitable pelea. Parte del grupo persiguió al chico, y otra parte se enfrentó a nuestros conocidos amigos.

La mayoría de los perseguidores iban armados con palos, aunque alguna espada o hacha se veía en manos de algún que otro agresor. Al principio tanto Cornellius como Acromion, contenían los golpes, para evitar causar daños graves, pero al verse ampliamente superados en número, tuvieron que dejar las lindeces para otro momento, comenzando a usar sus armas como si de enemigos mortales se tratasen. Y así a los pocos segundos, más de una decena de norteños yacían en el suelo incoscientes, o gravemente heridos, mientras que nuestros héroes apenas tenían algunos rasguños y contusiones. El pequeño Raven que había sido interceptado por varios norteños, estuvo pataleando y revolviéndose por el suelo intentando zafarse de sus captores, hasta que finalmente éstos, al ver el destino de sus compañeros, decidieron poner tierra de por medio.

Acromion, como ya es habitual en él, tras apalizar a los pobres norteños, se dispuso a curarlos, cosa que el joven Raven no comprendía. Cornellius, acostumbrado a las excentricidades de su amigo, se vendó las heridas mientras hablaba con éste, sobre que había pasado durante las últimas semanas.

Acromion trató de explicarle a Cornellius los acontecimientos acaecidos en lo alto del monte Morguelo y como éstos le llevaron a cruzar la delgada linea entre la vida y la muerte. Pero por un motivo superior, los dioses han decidido que vuelva al mundo de los vivos.

Cornellius, con algo de escepticismo ante la rocambolesca historia de Acromion, le contó que tanto él como Mulo, fueron sacados de la fortaleza, por el anciano Eldrodden, cuando aún yacían incoscientes. Lo hicieron precipitademente, para evitar ser descubiertos y evitar así que terminaran lo que aquella caída casi consigue. El mulo se encontraba aún convaleciente, pues sufrió más daño que Cornellius al caer.

Del único que no sabían su destino, era del joven y alocado Wotan.

Raven por su parte contó poco, que los tipos esos le atacaron hace unos días en el camino hacia aqui, y ella…él, lo único que hizo fue defenderse. Creía que no les iba a ver más…

En estas tesituras se encontraban cuando Cornellius se fijó que la noche era ya cerrada, lo que le recordó subitamente que tenía una cita… a la que llegaba tarde. Cogió su equipo y empezó a correr hacia el lugar donde había quedado con Bortas, por el camino les explicó que el tipo buscaba protección, y que estaba dispuesto a contratar hasta a tres personas más. Raven y Acromion, se unieron a la carrera…

(continará…)
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Un día aciago
Horror en el castillo
Hoy es un día aciago, en días como este, mi labor como cronista supone un gran pesar al tener que rememorar los tristes acontecimientos acaecidos aquella fría noche en el monte Morguelo…

...Habíamos dejado a nuestros héroes entrando en la imponente fortaleza de las Tres Torres, precedidos por el castellano de la fortaleza y algunos de sus hombres. Taón Uldayr- Dejad vuestros caballos en nuestros establos, y pasad a la torre para que nuestro señor os de la bienvenida.- dijo el castellano mientras señalaba hacia una imponente mole de piedra negra pegada al corte de la montaña. – Por cierto, mi nombre es Taón Uldayr.

Dicho y hecho, nuestros amigos dejaron los caballos en los prácticamente desiertos establos del castillo, donde un tal Alger y un pequeño bribón llamado Ratón, se encargaron de proporcionarles forraje y un buen cepillado. Mientras estiraban los musculos agarrotados por el largo viaje, echaron un vistazo a la fortaleza. La enorme pared casi vertical del monte Morguelo proyecta su sombra sobre toda la extensión de la fortaleza, los graznidos de los cuervos que revolotean alrededor de la más alta de las tres torres, a la izquierda de los establos, es el sonido predominante. Unos pocos soldados miran con curiosidad mientras se arrebujan en sus gruesos abrigos, en lo alto de la muralla que une las tres torres. La torre señalada por el castellano, era menos alta que la torre de los cuervos, pero mucho más robusta, es sin duda el centro neuralgico de la fortaleza, una agrupación de viviendas al pie de la misma, indican la presencia de los vasallos del clan que prestan sus servicios a cambio de la protección de los altos muros. También la cilindrica estructura de la torre de los cuervos, tiene a sus pies lo que parece un taller lleno de herramientas de carpintería y herrería. También destaca en el centro del espacio entre murallas, el templo dedicado a la unidad, donde una solitaría figura, barre los escalones apartando eficazmente la nieve acumulada.

Una vez se aseguraron de que sus animales estaban en buenas manos, acudieron a su cita en la enorme torre. La entrada se encontraba a la altura del muro, subieron hasta encontrarse con el majestuoso paisaje de los verdes bosques al norte de las montañas y por una apertura abierta a modo de puerta en las gruesas paredes de la torre. El salón de la entrada tenía el aspecto de estar medio abandonado, el polvo acumulado y la puerta principal cerrada, daba la idea de que hacía tiempo que no se utilizaba. Taón les indicó que pasaran por una puerta en uno de los lados dando paso a una inmensa estancia utilizada solo en parte, pues unos telones enormes a la izquierda clausuraban más de la mitad del espacio. En un improvisado trono, sobre un estrado se encontraba un niño de apenas 15 años, junto a el de pie apoyado sobre un bastón, un anciano de mirada penetrante. A pocos metros sentada en otro sillón, se encuentra también una niña, con un parecido claro con el niño que indica algún tipo de parentesco. También sobre el estrado se encuentran dos capitanes de la escasa guarnición restante del castillo así como el jefe de la misma, y una atractiva joven sentada junto a la niña.

Resulta que el señor del clan y la mayor parte de sus hombres, más de 300, marcharon a Lakoburgo, dejando a los que ahora estaban ante ellos al mando de la fortaleza. Una reducida guarnición, y el servicio del castillo es todo lo que queda del esplendor del clan Deurentyr. Vor Vushep Findal está reuniendo un gran ejercito en Lakobrugo para acabar primero con el clan Bertyris, luego el resto de los clanes, y así quedar en disposición de finalmente terminar con el infiel. El niño, Derrik, es el cuarto hijo del señor, y se mostraba entusiasmado con las noticias que sus supuestos aliados pudieran traer sobre su padre o la guerra. Wotan empezó a farfullar alguna invención para contentar al niño cuando se vió interrumpido por unos gritos provenientes del fondo de la sala. Blesia FelgundUna mujer vestida de negro con la vista algo perdida señalaba hacia el grupo y gritaba -Impostor!, Impostor! Rápidamente, la joven sentada en el estrado, y un par de soldados, se acercaron a ella y con palabras amables la sacaron de la estancia. Debeis disculpar a mi tía Blesia comentó Derrik. Desde que mi tío murió la pobre perdió la cabeza y no sabe lo que dice. El anciano que se encontraba junto a Derrik, se acercó a él y le susurro algo al oido, tras lo que dijo – Quiero celebrar un banquete en honor a nuestros invitados, esta noche correrá el vino y la carne para celebrar su estancia en nuestros dominios.

La propuesta entusiasmo a nuestros amigos, pues la perspectiva de una comida caliente y abundante, después de tantos meses a base de carne seca, pequeñas bayas, y roedores, resultaba cuanto menos tentadora. Wotam que se hacía pasar por un Vor del clan Grejeon, fué invitado a elegir un aposento en la segunda planta de la torre, mientras que su séquito de guerreros, podría descansar en la torre de la guarnición.

Se dieron un baño caliente, y pasearon por la fortaleza mientras esperaban la pitanza. El Mulo acudió a la marroquinería para ver si podía empezar a curtir las pieles de troll que lleva consigo. Cornellius limpió y afiló sus armas en la herrería. El monje paseó y habló con algunos de los sirvientes de la fortaleza, uniendose más tarde al mulo en la marroquinería. Y Wotam disfrutó del lujo de su habitación y entabló una tranquila charla con el jefe de la guarnición, un viejo noble llamado Polash Laortas.Polash Laortas Cabe destacar la conversación que tuvo Cornellius con Ratón, el pequeño mozo de los establos, según le dijo éste, había espiritus bajo la iglesia, en la cripta, los espíritus de los antiguos señores, y que la otra noche vió unas luces, probablemente uno de los espiritus, en la pared del monte, a más de 100 metros de altura sobre la fortaleza. La perspectiva de encuentros con seres de otro mundo agradó mucho a Cornellius…

El monje y Wotam idearon un plan para conseguir la cabeza del padre del segundo, que recordemos se encontraba en una pica en el muro sobre la puerta de la fortaleza, y poder así darle un entierro honroso.

Y por fin llegó la noche, y comenzó la fiesta, la comida y el vino corrieron a mansalva, Wotam contó muchas historias al pequeño Derrik, Mulo, Cornellius y el Monje, disfrutaron de la cena y de la compañía, en un momento dado, una de las hijas del cocinero, que servía vino por las mesas, se acercó al monje y le susurró un mensaje al oido, -Alguien interesado en saber porqué un monje dragón se ha unido al clan Grejeon, quiere verte en la entrada de la cripta, cuando Olgar comience a cantar . El monje usó a la misma niña para avisar a Wotam, que se sentaba en la mesa de los nobles, que saliera un momento fuera. Allí pudieron hablar libremente, y pensar en su próximo movimiento. Al rato de estar fuera discutiendo que hacer, el tumulto de numerosas jarras golpeando las mesas anunciaba que Olgar comenzaba a cantar, había que actuar. Wotam volvió a entrar al banquete para avisar a los otros de que debían ir a la Cripta. Mientras, el monje supuso que la cripta se encontraría bajo el templo de la Unidad y acudió discretamente hacia allí. Al poco llegaron Cornellius y Mulo, Wotan se había quedado en el banquete para no levantar sospechas. Decidieron que entrase primero el monje quedandose nuestros otros dos amigos fuera por si había problemas. Efectivamente en el interior del templo, existían unas escaleras que descendían y allí se encontraba el anciano consejero del pequeño Derrik. – Por fin!, crei que no vendrías nunca. – El anciano de nombre Eldrodden, aclaró que no albergaba intenciones hostiles hacia él o su grupo, siempre que ellos se comportaran de manera similar con su clan. – Sólo quería intercambiar información, algo escaso en estos tiempos extraños, acompañadme a mi torre donde estaremos más confortables y tranquilos, alejados de posibles espectadores “casuales”. EldroddenAsí pues se encaminaron hacía la alta torre que se encontraba enfrente de la torre donde se celebraba el banquete, uniendose a ellos Wotan, que por fin se había quedado libre, al retirarse todos los nobles que se sentaban a su lado. Algo extrañó y alarmó al grupo momentos antes de entrar en la torre, una pequeña luz se veía en la pared vertical del monte Morguelo, justo encima de la torre del homenaje. Cornellius, se entusiasmo, al considerara que debían ser los espíritus de los que le habó el pequeño Ratón. En la segunda planta de la torre, al calor de la chimenea, hablaron largo y tendido aclarando puntos, para resumir, expondré los puntos que expuso el anciano Eldrodden

  • [...]Hace muchos meses, el clan Findal convocó una reunión de todos los jefes de clan, para estudiar como tratar el tema de los Giaks. A la vuelta de aquella, el señor de Tres Torres, Bresian Deurentyr volvió raro. Al principio crei que se debía al pesar que sentía por la muerte de su hermano Regor durante dicho viaje, un jabalí salvaje le atacó derribandolo de su caballo… Ya no me consultaba tanto como antes.
  • Vushep, lider del clan Findal, está preparando un gran ejercito en Lakoburgo, se estan organizando para acabar con la resistencia de las demás casas y poder así acabar con el infiel “imperio”. Y requería de tropas de todos los clanes aliados.
  • La esposa de Bresian, ponía objeciones a la guerra, no veía bien que para derrotar al infiel hubiera que unirse a esas pestilentes criaturas. Ella era muy creyente, y acudía mucho a la iglesia. El pastor y ella presionaban mucho al señor. Una noche la esposa de Bresian apareció al pie de la torre, había caído desde lo alto. Fue una noche tormentosa, pero aún así resulta muy extraño. Algunos rumores hablaban de suicidio. El pastor de la unidad también murió de una extraña enfermedad, nunca había visto nada similar, murió muy rápidamente, sospecho que algún tipo de veneno contaminaba su sangre, pero me guarde mucho de expresar mis sospechas[...]
  • [...]Los aliados de nuestro clan presionaban a Bresian para que no aceptara unirse a esa cruzada oscura. Finalmente, Bresian se decidió a organizar una reunión de todas nuestras casas aliadas, para decidir si se mantenía la alianza con Findal o no. Durante la reunión, se habló sobre esto, mientras se bebía y comía, y cuando ya todos estaban confiados, ahítos, y medio borrachos. Los que estaban expresando opiniones en contra fueron capturados y ejecutados, sin derecho a una muerte digna, decapitados, algo totalmente en contra de las sagradas normas de la hospitalidad, el clan está maldito por ello. Fueron unos días horribles. Los que permanecieron fieles, se unieron aun más, aterrados ante las consecuencias de cambiar de idea. Uno de los ajusticiados, era el antiguo castellano, entonces el guardabosques Beric Wodgroy, tu padre Wotan fue colocado en su puesto.[...]
  • [...]El grueso de las tropas de nuestra casa, partieron hace días camino de Lakoburgo para servir al señor Vushep. Tal y como indica nuestro pacto de alianza. El señor, sus tres herederos, y el grueso de sus Vor, así como más de trescientos guerreros.[...]
  • [...]Las casas de los “traidores” fueron perseguidas sin piedad. Pero también se unieron entre si, para aumentar sus posibilidades de supervivencia. Este grupo se anticipaban a los movimientos organizados por Bresian, y siempre salían airosos de todas las trampas y emboscadas, finalmente se descubrió que tu padre ayudaba a esta banda, y fue torturado hasta que confesó para ser ajusticiado pocos días despues.[...]
  • [...]Por lo que sé en la mayoría de las casas aliadas del clan Findal, se cuentan historias parecidas a la nuestra. Pero nadie sabe que sucede exactamente, nadie que haya ido a Lakoburgo ha vuelto, todos se han quedado allí, por eso estamos ansiosos de noticias. Mis cuervos no llegan hasta allí, no me puedo comunicar con los consejeros de aquella zona.[..]
  • [...]Esa extraña luz en lo alto del monte, me preocupa, pues parecen proceder de la escalera del cielo, una antigua y abandonada escalera excavada en la roca que asciende hasta lo alto del monte. Allí arriba no hay nada, salvo las antiguas ruinas de la fortaleza[...]

Una vez el anciano terminó de exponer sus pobres conocimientos sobre la situación Acromion (el monje), y el Mulo, expusieron los suyos, para intentar plantear una estrategia a seguir. A modo de conclusión Mulo decidió que quería infiltrarse en las tropas de Vushep y así poder averiguar que ocurre, y avisar o intervenir en caso de que hiciera falta. Pero para ello antes debían poner estos conocimientos en manos del imperio y del resto de consejeros de los clanes del norte, para actuar con premeditación y un leve respaldo. Eldrodden, accedió a dejarles unos cuantos de sus cuervos para poder enviarlos con mensajes cuando averiguasen algo. Una vez terminada la charla, decidieron acudir a investigar la misteriosa luz en el monte, el viejo les explicó donde se encontraba la escalera, y el mejor modo de llegar a la azotea de la torre, evitando ser vistos por los guardias, dicho y hecho, Mulo, Cornellius y Wotan llegaron primero, pues Acromion fue a por su equipo a los establos. Mulo y Cornellius estaban impacientes por subir, la escalera desgastada por los fuertes vientos, y resvaladiza por el intenso frio, no daba sensación de seguridad, pero pese a todo decidieron comenzar a subir, para asegurarse, se unieron por la cintura con una cuerda. Así pues comenzaron la escalada, con un sorprendido Wotan mirando desde abajo, cuando llevaban varios minutos subiendo y apenas eran un punto de luz en la pared de la montaña, cuando un desafortunado resbalón provocó la caida de Mulo al vacío – GONGARRRRRRR!!!!! – gritaba mientras intentaba aferrarse a la pared casi vertical del monte. Cornellius, en un acto de desmedida valentía o incosciencia, afianzó los pies y agarró la cuerda intentando sostener al compañero caido, pero cuando sucedió el tirón también salió disparado al vacío. Y así ambos compañeros, cayeron y cayeron, golpeandose repetidas veces con la pared, hasta que al final el techo del torreón detuvo la caida. Sorprendentemente aun podían articular palabra, aunque yacían en una psotura grotesca con varios huesos rotos. A los pocos minutos, llegó Acromion, e intentó realizar una de sus curaciones, empezando por El Mulo que se encontraba bastante más dañado. Impuso sus manos y el Mulo cayó en una tranquila incosciencia mientras parte de sus heridas comenzaban a sanar. El monje vió que poco podía hacer con ellos allí así que llamó a uno de los centinelas, para que le ayudaran a bajar los cuerpos destrozados de sus compañeros. Mientras esto sucedía, Wotan decidió subir por la escalera. Cuando Acromion se aseguró de que la gente del castillo se haría cargo de los compañeros caidos, siguió los pasos de Wotan, subiendo también por la escalera al cielo. Primero Wotan y más tarde Acromion, llegaron a lo más alto del monte Morguelo, donde aparte del viento, nada más se oía. A cierta distancia se veía una luz de una linterna resguardada del fuerte viento por los restos en ruinas de alguna construcción ancestral. Apoyado contra uno de los restos, se encontraba una figura encapuchada. Nuestros amigos decidieron acercarse para intentar verlo mejor, cuando se encontraban a escasos 20 metros, Wotan, dió un mal pie, haciendo que un grupo de guijarros, que probablemente llevaban siglos sin moverse, cayeran, causando un estrépito suficiente como para que la figura se girara alertada, y apagase la linterna. Nuestros héroes se ocultaron para evitar ser vistos, pero entonces una retaila de extrañas palabras y murmuraciones avecinaron lo peor, una especie de circulo de oscuridad rodeó a la figura encapuchada, revelando unos poderes más allá de la comprensión humana. Un terror gélido y paralizante hizo presa en Wotan, más concretamente en sus intestinos, haciendole vomitar la copiosa cena. Todos los sentidos del monje, gritaban para que saliera de allí, pero ajeno a todo ello, se aproximó al area oscura para ver si podía atacar. Del interior de la oscuridad surgió un potente rayo azulado que Acromion evitó por lo pelos al arrojarse de bruces al suelo. Con una hábil pirueta se levanto para recibir a la siniestra figura que surgió entre las sombras pocos segundos después. HELGHASTLa figura empuñaba una espada, y su rostro era lo más horrible que el monje había visto nunca, rápidamente comenzó el combate, y Acromion asestó a la criatura un buen número de golpes capaces de matar a un oso, pero la criatura que parecía ignorarlos todos, atacaba una y otra vez, intentando ensartar al monje en la punta de su espada. Unos pocos segundos más y Acromion notaría el cansancio, afortunadamente, Wotan, se superó su terror y atacó a la criatura también apoyando así a su amigo el monje. Todo parecía inutil, la arrojaron entre los dos al suelo, le golpearon, lo patearon, le ensartaron, pero ellos cada vez estaban más cansados, y a la criatura nada le afectaba. Wotan incluso logró arrebatarle la espada y empalarle, pero ni con esas medró. Durante la refriega, la criatura adoptó la forma de la amante de Wotan, hablando con su misma voz y mirandole con sus mismos ojos, pero no consiguió engañarles y siguieron luchando. Finalmente a una señal decidieron huir, pero con tan mala suerte de que cada uno salió en dirección contraria. A los pocos segundos, Wotan se encontraba al borde del precipicio, de más de 300 metros de altura, con la terrible y peligrosa escalera a sus pies, y Acromion de manera similar pero sin ninguna escalera, simplemente la escarpada pendiente del terrible y fatal monte Morguelo. Así pues ambos se dieron la vuelta y se enfrentaron de nuevo con la criatura. Cuando corrían hacia ella, un siniestro y familiar aleteo, presagiaba lo peor, un Kraan se aproximaba. Sin amedrentarse por el terror que les atenazaba el estómago, siguieron avanzando hacia la figura encapuchada con forma de mujer que se recortaba contra la oscuridad de la noche. HELGHASTDe repente, el terrorífico ser, extrajo de la nada una enorme lanza que destelleaba con un fulgor azulado. ¿Cuántos más trucos desagradables escondía esta criatura?. Apuntó en dirección a Wotan mientras este corría hacia el, temiendo lo peor, comenzó a correr en zig-zag. Del extremo de la lanza surgió un potente rayo azulado que Wotan consiguió esquivar, lejos de rendirse, volvió a levanterse y continuó corriendo. Cuando apenas unos pocos metros les separaban un segundo rayo surgió de la lanza, y esta vez Wotan no logró esquivarlo, recibiendo la mayor parte del daño en un pie cayendo y rodando por el suelo. Instantes despues, Acroniom se abalanzó sobre la criatura arrojandose al suelo con ella intentando inmobilizarla, en el forcejeo, la criatura le tocó la cara provocando unas terribles quemaduras en el pobre monje, que al intentar usar sus poderes curativos una vez más, quedó exahusto y rendido sin apenas poder moverse. Wotan, cojeando por la quemadura de su pie, se retiró de nuevo a la escalera. La criatura, se levantó y recogió la espada de Wotan. Mientras Acromion se arrastraba poniendo distancia entre él y el ser, pero este inexorablemente se acercaba hasta que sin piedad comenzó a asestarle un golpe tras otro. El monje conseguía evitar la mayoría pero alguno le alcanzaba, por lo que cada vez estaba más malherido, cubierto de sangre y agotado, a punto de la incosciencia. En un último rayo de esperanza percibió que se encontraba al borde del precipicio, su instinto natural de supervivencia le impulsó a dejarse caer, pero los dioses le habían abandonado, pues un impacto contra el borde rocoso del monte acabó por terminar con el último soplo de vida que le quedaba, su cuerpo sin vida continuó cayendo hasta quedar atrapado por unos arbustos a más de 30 metros de distancia.

Mientras Wotan había comenzado a descender por la escalera, mirando constantemente hacia arriba temiendo ver aparecer la figura de su amada en cualquier momento. Pero no fué eso, sino el aleteo de un enorme Kraan el que le alertó sobre un peligro más inminente, un ser diabólico montado a lomos del enorme pajaro comenzó a embestirle con una larga lanza. Tras evitar algunos envites, y viendo que la situación era desesperada, Wotan saltó hacia el enorme pajaro agarrandose a su poderoso cuello, el exceso de carga hizo que el Kraan, se balancease peligrosamente, estando a punto de perder el agarre en un par de ocasiones. Cuando el jinete se hizo de nuevo con la montura, comenzó a maniobrar para deshacerse de el molesto polizón. Wotan desesperado, dejó caer su espada y sacó un cuchillo con el que cortó las riendas que sujetaba el jinete, éste carente de un buen agarre optó por intentar agarrar a Wotan y arrojarse con el al vacío, pero falló y el único que se cayó fue el siniestro jinete. Ya sin jinete el pájaro empezó a descender pero no antes de que la fátiga hiciera presa de los músculos de Wotan que cuando aún se encotraba a gran altura, cayó hacia la espesura que se extendía 30 metros por debajo de él, el crujir de huesos rotos, es lo último que se oye antes de que el graznido triunfal del Kraan retumbe en la noche…

...En la enfermería Mulo y Cornellius yacen incoscientes desconocedores de todo lo ocurrido en lo alto del monte Morguelo….

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Es la hora de Volver
Media vuelta de nuevo
Los dos norteños yacían incoscientes en el suelo, el monje se había encargado de curar sus heridas para evitar que se desangraran hasta la muerte, aunque en su fuero interno dudaba de si eso había sido un acto de piedad o una crueldad mayúscula. El mulo miraba a ambos con ojos de depredador, sin dejar de afilar sus cuchillos. Wotan, no paraba de preguntar – ¿se han despertado, ya? -, con el cuchillo en la mano, indicando que su pregunta no simbolizaba preocupación por la salud de los heridos. Pero el que más inquietaba al monje, era Cornellius, pues miraba de reojo a los norteños tendidos en el suelo con una siniestra sonrisa, que se transformaba en ocasiones en una risilla nerviosa.

Por fin, los dos jinetes norteños recuperaron la consciencia y más les valdría no haber despertado nunca, pues lo que sucedió a continuación no lo podían haber imaginado ni en sus peores pesadillas. Tras ser interrogados y amenazados, los dos prisioneros contaron que pertenecían al clan Grejeon, siempre fiel al clan Findal, iban de Lakoburgo a los dominios de su clan. Pero hasta aquí duraron las bondades, se acabó el interrogatorio, y comenzaron los golpes, amenazas psicológicas, culminando toda la sesión, en un horrible ritual sádico perpetrado por Cornellius, donde las lenguas de ambos hombres fueron cruelmente cortadas. El monje poco pudo hacer, salvo cauterizar sus heridas para, una vez, más impedir su pronta muerte.

El siguiente paso, era retomar la marcha para alcanzar al grupo de Giaks con los prisioneros, pues ahora contaban con caballos y previsiblemente antes de anochecer podrían encontrarse con ellos. El que hacer en ese momento era algo en lo que preferían no pensar. Se llevaron consigo todos los caballos de los norteños así como a los prisioneros por si llegado el momento era necesario negociar.

Es de mención notar que tanto Wotan, como el monje, solo habían visto caballos de lejos, nunca antes habían montado en uno. Pero pese a algunos percances iniciales, lograron ensillar y comenzar la marcha.

KraanCuando apenás llevaban unas horas montando, un enorme pájaro infernal apareció desde el horizonte. Realizó un par de vueltas de reconocimiento a gran altura, siguiendo su camino hacía el oeste. Pero entonces, para sorpresa de todos, el mulo, sacó una cornetilla que había robado a un Giak hace unos días, y comenzó a hacerla sonar, a la vez que hacía numerosos aspavientos. El gran pájaro giró y volvió ha girar en grandes círculos sobre el grupo de jinetes, solo que esta vez a menor altura. Debido a la inclinación del pájaro, pudieron comprobar que iba montado por una criatura humanoide, de siniestro aspecto. Tras unos instantes de tensión, el pájaro emitió un penetrante chillido y partió rumbo norte, hacia Lakoburgo, el lugar desde donde presumiblemente había venido. Es facil suponer que los más de dos metros de altura y su siempre amenazante aspecto, disuadieron al resto del grupo a preguntar al mulo porqué había hecho semejante tontería, igual es debido al estrés de guerra.

Unas horas después acabaron alcanzando al grupo de Giaks, cuyo número había aumentado a lo largo de los días conforme se le iban uniendo diferentes grupos. Ahora se contaban por varias decenas, yendo casi la mitad de ellos montados a lomos de lobos infernales. Conforme el grupo se acercaba a los Giaks, estos comenzaron a aminorar la marcha y a formar en círculo en previsión de cualquier incidencia, dejando a los prisioneros que aún vivían en el centro. Manteniendo en todo momento las distancias, el mulo comenzó a lanzar imprecaciones, a los Giaks buscando que estos abandonaran la seguridad de la formación, en un ataque, a ser posible, solitario y suicida contra el enorme jinete montado a caballo. En varias ocasiones los Giaks intentaron avanzar para encontrarse con el grupo, pero estos siempre mantuvieron una distancia prudencial. Wotan intentó acertar con sus flechas a alguno de los líderes Giaks, pero sin demasiado éxito, éstos por su parte aprovecharon también un par de momentos para lanzar una andanada de saetas con sus ballesteros, pero también con poco éxito. En uno de los avances de los Giaks, nuestros “héroes” decidieron que sus prisioneros se bajaran del caballo. Pese a los intentos de negarse de estos, fueron cruelmente abandonados. Y así, atados, mutilados, y malheridos, fueron masacrados por los primeros lobos infernales que les dieron alcance, poniendo fin a su sufrimiento para siempre. Cuando el sol estaba cerca de ocultarse, se decidió, sabiamente, que no era conveniente estar cerca cuando se hiciera de noche. Por lo que comenzaron a marcharse, pero el joven Wotan no pudo reprimir su impulso hormonal, y decidió hacer una rápida cabalgada a lomo de su caballo acercándose lo más posible al nutrido grupo de enemigos, a ver si entre los presos podría ver a su amiga. Cuando creyó haberla visto, y ya se volvía una andanada de saetas salió disparada en su dirección con la mala fortuna de que una le acertó en la pierna y otra en plena cara, eso junto con su inexperiencia como jinete provocaron que cayera al suelo, quedando ahí aturdido y medio muerto. Un enorme aullido de alegría multitudinario salió del grupo de Giaks, del que unos cuantos Lobos Infernales salieron raudos a cazar a su nueva presa. Los compañeros de Wotan sin pensárselo dos veces, emprendieron a su vez una carrera para alcanzar a éste antes que los lobos. Wotan aturdido comenzó a correr en dirección a sus amigos, pero cuando apenas llevaba unas pocas decenas de metros, cayó inconsciente debido a sus graves heridas. El mulo, fue el primero en llegar, su enorme tamaño le fue de gran ayuda para agarrar a Wotan por el cinto y subirlo a la montura. Instantes después llegaron los lobos, con los que se cruzó esquivando las lanzas de sus jinetes. Cornellius, y el monje también se cruzaron con el grupo de los lobos, pero sin sufrir bajas por ninguna de las partes. Afortunadamente la mayor rapidez de los caballos frente a la de los lobos, les permitió poner tierra de por medio.

Y así llegó la noche, el monje curó como pudo las heridas de Wotan, pero este aun permanecería inconsciente unas horas más. La excelente visión en la oscuridad que posee el monje, les permitiría seguir avanzando, por lo que decidieron seguir la marcha por si los Giaks, habían mandado un grupo en su busca. Fue una vez más, gracias al monje, que pudieron prevenirse, al ver éste, contrastadas con las estrellas un grupo de pájaros gigantes como el que habían visto el día anterior. Permanecieron ocultos bajo una estructura rocosa, hasta que los pájaros descendieron. Durante este tiempo Wotan se despertó pero aun dolorido y aturdido. Entonces decidieron proseguir la marcha. Al poco rato a unas pocas decenas de metros, destacada contra el horizonte, en una agrupación de rocas el monje vio la silueta humanoide y encapuchada. Cuando se disponía a avisar a sus compañeros, notó una desagradable sensación dentro de su cerebro, como si unos siniestros dedos hurgaran en su cabeza buscando donde existía un punto débil. Sin pensárselo dos veces, corrió hacia las rocas gritando, la silueta desapareció tras éstas, para momentos después salir montada sobre el enorme pájaro. El monje arrojó su lanza que rajó una de las alas de la enorme criatura, cayendo ésta y su jinete de nuevo al suelo. Mientras tanto el resto del grupo encendió una antorcha rápida que tenían preparada para poder ver en caso de un ataque nocturno. Cuando el monje llegó a las rocas de repente una extraña y sobrenatural oscuridad cubrió la zona, no permitiendo ver nada de lo que había en el interior. Decidió permanecer a la espera por si ocurría algo, y ocurrió que el mulo se introdujo en dicha oscuridad gritando como un loco. VordakTambién él notó esa extraña sensación dentro de su cabeza, pero se centró en golpear sin mirar en todas direcciones, entonces durante un instante, un ser con un cráneo pelado donde debería haber una cabeza apareció y le propinó un certero golpe en la pierna. En ese momento el mulo, invocó a su dios, y éste le otorgó la destreza necesaria para propinar un certero golpe en el cráneo de la criatura, rompiéndolo en pedazos. Y la oscuridad volvió mientras caía al suelo.

El resto del grupo dio buena cuenta del pájaro gigante, y el monje, tras concentrarse un rato decidió entrar de nuevo en la oscuridad para enfrentarse a la criatura si aún continuaba con vida. Así permanecieron varios minutos, rodeando la misteriosa área de oscuridad, hasta que de repente, igual que vino, se fue, volviendo a estar claramente iluminada por la luz de las antorchas. Buscando el cuerpo que había golpeado al mulo, solo encontraron una gran gema roja que Cornellius rápidamente cogió. Tras examinarla durante un rato decidió que lo mejor era romperla, por lo que la estrelló contra una roca. El mulo se guardó los pedazos como recuerdo. El monje volvió a usar de sus artes curando milagrosamente la pierna herida del mulo, pudiendo éste andar de nuevo y proseguir la marcha.

Pocas horas antes del amanecer, llegaron al linde del bosque, donde permanecieron descansando, hasta que se hizo de día. Cuando despuntó el alba, a lo lejos pudieron ver como otros tres pájaros gigantes, alzaban el vuelo, girando y explorando la zona, hasta que descendieron todos en un punto probablemente cercano al encuentro con su siniestro compañero. Poco después volvieron a alzar el vuelo, permaneciendo en la zona girando y al acecho, aunque una de las criaturas volvió hacia Lakoburgo. Un poco más protegidos por la cobertura de los árboles, siguieron camino hacia el Imperio, parece que tanta guerra y muerte, por fin les había agotado.

Así pues, volvieron por donde habían venido, eso si, esta vez a caballo. Avanzaron por senderos y caminos de los guardabosques, evitando en la medida de lo posible ser vistos. Para pasar desapercibidos todos embrazaron los escudos de los norteños asesinados, y el mulo se puso un yelmo, así como los guantes y la capa, para ocultar su caracterísitico color de piel. Durante el camino Wotan preguntó a sus compañeros si les importaría que pasasen por el castillo del señor de su clan, para comprobar si su padre sigue con vida. Nadie puso inconvenientes. Parece ser que durante los últimos meses, el padre de Wotan, había ascendido al cargo de castellano del bastión del clan Deurentyr, llamado “Tres Torres”, desde allí, simulando ser fiel al clan, organizaba a los rebeldes que se oponían a los planes del clan Findal, avisando siempre que podía de nuevas partidas de caza o de caravanas importantes para ser atacadas. Pero tras el ataque al campamento de los rebeldes (ver capítulo anterior) Wotan lleva temiéndose lo peor.

Ocho días después llegaron a una encrucijada desde la que se llegaba a Tres Torres, el camino subía hacia las montañas, a media tarde llegaron a un siniestro lugar dominado por dos cabezas clavadas en estacas a cada lado del camino, que a partir de aqui estaba toscamente empedrado. Conforme subían, el frío era cada vez mayor, y comenzaban a aparecer pequeñas manchas de nieve. De vez en cuando una cabeza empalada señalaba siniestramente algún hito en el camino. Por fin cuando la tarde ya caía, llegaron a la fortaleza. Una enorme mole de piedra oscura, descansaba sobre la ladera vertical de una montaña, tres torres destacaban, todas distintas en tamaño y forma, como construidas en distintos momentos de la historia, el silencio y el frio eran la nota predominante.-¿Quién va? – gritó alguien desde las almenas sobre la puerta. - Pertenecemos al clan Grejeon, y vamos de camino. Pedimos hospitalidad para pasar la noche.- Gritó Wotan. De nuevo el silencio dominó la escena, Wotan aguzó la vista para observar detenidamente los muros, sobre ellos en sendas estacas había más cabezas, y una de ellas le era conocida, la cabeza de su padre. Beric Wodgroy, del clan Wodgroy… En ese momento las puertas de la fortaleza comenzaron a abrirse con un profundo chirriar.

Cuatro hombres armados aparecieron a cada lado de la puerta, en sus escudos pintados de amarillo destacaban dos alas rojas. Un quinto hombre comenzó a andar pasando entre ellos en dirección al peculiar grupo que esperaba en la puerta, su gesto era conciliador. –Los hombres de Grejeon siempre son bienvenidos. Pasad y descansad esta noche en paz en esta, la casa Deurentyr….

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Hacia el Lago Negro
Cambiando el rumbo

[...] El grupo se acercó a los cuerpos flotantes en la orilla del rio, y para su asombro, uno de ellos continuaba con vida. Tras reanimarse, el superviviente llamado Wotan, parecía bastante alterado, parece ser que se encontraba de guardia en un campamento, y resultó atacado a traición por unos Giaks. Su mayor deseo en ese momento era averiguar el destino de sus compañeros, por lo que emprendió la marcha hacia dicho lugar. El resto del grupo le acompañó por si necesitaba ayuda. El campamento se encontraba en un pequeño y oculto cañón en la maleza, una grieta en el bosque, que si no fuera por el guía, nunca habrían encontrado. El interior de dicho cañón era una carnicería, cuerpos despedazados y a medio devorar se encontraban por doquier. Tras el impacto inicial por la muerte de algunos de sus compañeros, Wotan pudo percatarse de que entre los muertos no se encontraban todos los que habitaban el campamento, algunos debían seguir vivos. Comenzaron a inspeccionar la zona, estudiando los rastros y huellas del ataque, finalmente dedujeron que el grupo atacante formado por Giaks y Lobos infernales, se habían llevado hacia el noreste un buen número de prisioneros, incluidos mujeres y niños. Esta nueva información bastó para que Wotan, el mulo, Cornellius y el monje decidieran perseguir a los Giaks, para rescatar a los prisioneros, sin embargo Tavik, Nuvellen y Néon, decidieron no cambiar su deseo inicial de seguir rumbo a Bertland, para de allí seguir hacia el Imperio y llevar la información de todo lo que habían visto, y de paso escoltar hasta lugar seguro la familia que encontraron el otro día en la granja arrasada. Tras una emotiva despedida, el grupo que iba hacia el Imperio se marchó, quedandose en el campamento los que se disponían a seguir a los Giaks. Mientras estaban allí esperando para retomar fuerzas para la persecución Wotan les contó la historia de su familia, y de como llegó a esta situación. Como Vushep del clan Findal, unió sus fuerzas a la de los Giaks, para obtener el poder sobre todos los clanes norteños, eliminando a todos los que se oponían a sus designios. De como esto ha generado numerosas rupturas y luchas fraticidas, entre los clanes que seguían apoyando a Vushep, y los que le consideraban un loco peligroso, adorador del “Abismo”. Mientras estaba en mitad del relato, un leve movimiento en lo alto del cañón desveló un atacante. Gracias a esto pudieron moverse a tiempo y esquivar algunos proyectiles, pese a lo cual, el mulo se vió empalado por tres saetas negras… la risa histerica de los Giaks, se repitió por las paredes del cañón. Nuestros amigos se ocultaron en unas pequeñas cavernas provocadas por el antiguo cauce del rio, manteniendose a salvo de los tiradores. El mulo, se encontraba malherido, pero aun consciente, y furibundo. A los pocos minutos, unos lobos infernales montados por sus respectivos jinetes Giaks, aparecieron por el cañón. Tras una arriesgada y sangirenta escaramuza contra los lobos, consiguieron hacerlos huir por donde habían venido, pero una vez más el monje tuvo que hacer uso de sus habilidades curativas, sobre el mulo y Cornellius, que resultaron gravemente heridos. Por ello quedó exhausto y fue necesario descansar, pero esta vez lejos del cañón, y así evitar nuevas emboscadas.

Por fin, a la mañana siguiente comenzaron la persecución del nutrido grupo de Giaks, que llevaba consigo a los supervivientes de la masacre del campamento. Les llevaban un día de ventaja, y la tarea no iba a ser fácil. Cuando llegaba la noche, nuestros heroes caían rendidos en sus sacos de dormir, tras la larga marcha. Así pasaron los días, andando por los bosques, subiendo lomas, buscando sendas que acortaran la distancia. De vez en cuando encontraban los restos de algún prisionero, medio devorado por los lobos, que probablemente no pudo seguir el ritmo marcado por los Giaks. Loa primeroa fueron niños, luego mujeres, y ahora incluso algun hombre. Estudiando el rastro dejado por los Giaks, podían ver que otros grupos se unían a la partida inicial, añadiendo más fuerzas y más prisioneros, en total sumaban más de 50 de esta criaturas, y más de 20 prisioneros. Afortunadamente la fatiga no les dejaba pensar en que iban a hacer en el caso de que se encontraran finalmente con ellos. Una mañana vieron la polvareda inconfundible de un grupo de jinetes, nuestros heroes se ocultaron tras una hondonada, para estudiar si atacaban o no. Los jinetes eran 10 norteños, de los cuales 2 iban pertrechados con cotas de anillos y lanzas de caballería, Wotan los reconoció por sus escudos como aliados de Vushep. Su elevado número, su imponente porte, y las heridas que aun mantenían alguno de los personajes ocultos, les decantaron por dejarles pasar sin atacarles… Y así seguían pasando los días hasta que tras 10 amaneceres, por fin vieron algo distinto, el Lago Negro.

A unas 30 millas, bajando por una gran ladera, una vasta extensión de oscuras aguas, casi negras, de la que no se ve la otra orilla. Tardarían aún un día en llegar hasta allí, pero junto al gran lago se podía ver un nutrido grupo, presumiblemente el grupo al que persiguen y que les lleva una ventaja de varias horas de viaje. Esto les insufla algo de ánimo y prosiguen la marcha, esperanzados. Mientras bajaban por la ladera, con cuidado de no ser vistos, se percataron de que un pequeño grupo de jinetes pasó junto a los Giaks, sin que estos parecieran molestarse. Estos jinetes subían la ladera en dirección a nuestros amigos. Parecían jinetes norteños, uno de los cuales debía de ser de alto rango, pues llevaba cota de anillos y lanza de caballería, el resto hasta contar seis en total, parecían aguerridos soldados. El grupo decidió ocultarse y esperar a la noche, para emboscar a los jinetes cuando acamparan. Dicho y hecho, amparados por la oscuridad, se aproximaron a la zona donde los jinetes se pararon a descansar, y cuando estimaron que la distancia era la adecuada, comenzó un implacable ataque. De los seis jinetes, había dos de guardia, uno de los cuales logró frenar momentaneamente al mulo con diestros golpes de su lanza, Cornellius, ayudó dejándolo fuera de combate de un diestro golpe en la pierna del norteño. Pese a que los norteños lucharon con bravura, la ventaja de la sorpresa, y el hecho de estar recién despertados y sin armadura, no tardó en decantar la balanza hacia los asaltantes nocturnos. Wotan no paró de usar su arco durante el combate no dando un respiro a los sorprendidos jinetes. El monje con sus mortales lanzas, dejó primero fuera de combate al lider antes de que llegase a ponerse en pie, y persiguió y acosó a los que intentaban huir hacia los caballos, con la ayuda de Cornellius. El mulo por segunda vez en pocos días se encontraba gravemente herido por un golpe de mala suerte que casi lo atraviesa de parte a parte, pero vivo.

Finalmente solo dos jinetes sobrevivieron al ataque, aunque yacen incoscientes y mortalmente heridos en el suelo.

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Interludio
Prosiguen la marcha

La luz se filtra entre las altas copas de los árboles, creando un bello juego de colores, con el agua del gran río Aloe. La tranquilidad natural del bosque sólo es interrumpida por el sonido de las pisadas, de un pequeño y variopinto grupo de hombres que avanzan en fila entre la espesura creando una senda a su paso. Observando el grupo más de cerca se cuentan como una decena, de entre los que se pueden ver algunos niños, una mujer, y varios hombres fuertemente armados. No se percibe ningún blasón, ni distintivo reconocible, en ellos. Avanzan silenciosos y decididos, pero con la intranquilidad propia de cualquiera que se mueva en estos oscuros tiempos por el mundo.

A una señal del que va en cabeza la fila se detiene y se agacha, algo flota por el río bajando con la corriente.

Un siniestro desfile de cadáveres empalados en saetas negras con plumas de cuervo, cruzan ante ellos, flotando y llevados por la corriente, desaparecen con la misma velocidad que aparecieron, dejando una oscura mancha escarlata en el río y una sombra en los rostros de los observan la escena.

Un par de esos cuerpos han quedado enganchados en la orilla del río, entre las raíces de un viejo sauce, la corriente les hace moverse con un macabro bamboleo…

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Saliendo de las cavernas Infernales (y II)
De nuevo en el exterior
Queridos amigos seguiremos narrando las aventuras que quedaron en suspenso, de nuestros intrépidos heroes, aquellos que se encuentran en las profundidades de la misma tierra, huyendo y luchando cara a cara contra los servidores de la oscuridad. Sin más preámbulo dejo de parlotear y comienzo a narrar….
Dejada atrás la masacre, el peculiar grupo de guerreros formado por El mulo, Neon, Cornellius, el monje, Tavik y Falwik, prosiguieron montados en las vagonetas tunel arriba. Pasadas las horas y en previsión de una persecución inminente, dado el rastro dejado a su paso, se bajaron de su “comodo” medio de transporte para tomar un tunel transversal de menor tamaño. De esta manera fueron cambiando de tuneles para intentar despistar a todo posible perseguidor, hasta que, previsiblemente, un par de días después, se encontraron con un nuevo ensanchamiento de un tunel desde el cual se oian los iconfundibles aullidos de esas sucias criaturas que son los Giaks. Se adelantaron Neon y Cornellius para investigar, y para su regocijo una ráfaga de aire fresco anunciaba el final del tunel, y una posible salida del infierno subterraneo en el que se encontraban. En una pequeña caverna se encontraban dos trolls dentro de unas fuertes jaulas metálicas, y más allá la luz del día.
El mulo no tardó en empalar con su mandoble a los dos trolls encerrados, y ya más tranquilos salieron a ver la luz del día. El espectáculo no era muy alentador, la caverna daba al interior de un fuerte giak con una empalizada de tres metros de alto. Entre la salida de la caverna y la empalizada, diez extrañas construcciones a modo de gigantescos hormigueros hacían las veces de viviendas o dormitorios de estas repugnantes criaturas, además un hormiguero de mayor tamaño se encontraba en el centro del fuerte, posiblemente el dormitorio del jefe de este fuerte. También había una especie de cercado que contenía en su interior a cinco horribles y enormes lobos negros de siniestro aspecto. La empalizada estaba custodiada por giaks en constante guardia, la única ventaja apreciable, era que la vigilancia parecía estar centrada hacia el exterior del fuerte, no hacia el interior.
Una amplia discusión sobre que hacer a continuación se extendió durante varías horas, mientras el sol bajaba hacía su ocaso, se propusieron varias opciones: - Quedarse escondidos hasta la mañana en el interior de la caverna, eliminando a todo giak que se adentrase en la cueva, y por la mañana aprovechando la luz del día, intentar una huida. - Salir lo antes posible, aprovechando la poca luz que queda, y así pillar por sorpresa a estas viles criaturas. - Entrar en la construcción mayor, esperando encontrar en su interior al jefe y secuestrarlo para usarlo como rehen. Al final contra la opinión de mulo y Cornellius, se decantó hacia la segunda opción. Se señaló un risco que sobresalía a lo lejos sobre el manto de arboles como posible punto de encuentro en caso de disgregación del grupo, y se comenzó poco a poco a salir aprovechando las sombras de la pared de la cueva.
Todo el grupo menos el mulo salió en una dirección, saliendo éste en dirección contraria. Llegaron sin problemas a una zonda de almacenaje, donde había carros, herramientas, y otros utensilios apiñados a la sombra de un tejadillo. Cuando se disponían a seguir andando, un Giak a unos 10 metros de allí dio la alarma señalando con su mugriento dedo en dirección al grupo. Todos a excepción de Cornellius y el Mulo (que se encontraba a varios metros de allí), salieron corriendo, hacia la empalizada, aprovechando el desconcierto de los vigilantes que no esperaban un ataque desde atras, consiguieron llegar a la empalizada y saltar derribando a un par de Giaks, por el camino, cuando el último de los corredores, saltaba la empalizada, otro Giak descubrió a Cornellius, que hallábase oculto tras un carromato. Empezó a correr hacía las construcciones giak, esquivandolos con gráciles saltos, y quiebros espectaculares, rodeando los enormes hormigueros, acabó llegando a la empalizada, pero cuando se encontraba en la plataforma de los vigias dispuesto a saltar hacia el otro lado, un giak traicionero le embistió por la espalda haciendole caer. En este momento el mulo, salió de su escondite, para acudir en ayuda del pobre muchacho. A partir de aqui comenzó la carnicería, varios golpes propinados por los Giaks, que lo tenían rodeado, le hacían sangrar por numerosas heridas, haciendo uso de una sorprendente fuerza de voluntad consiguió saltar hacia el otro lado de la empalizada, con tan mala suerte que cayó sobre su brazo derecho, rompiéndoselo. Mientras se levantaba, los ballesteros apostados en la empalizada y en las torres de vigía, comenzaron a dispararle, acertándole varias veces en brazos, y manos. El mulo mientras tanto consiguió evitar a todos los giaks que intentaron cerrarle el paso, e invocando el poder de Gongar (su dios) saltó la empalizada, mientras los alfanjes de sus enemigos silbaban a su alrededor. Así ambos compañeros juntos se alejaron de la empalizada mientras los ballesteros continuaban disparando, impactando una vez más en el pobre Cornellius… finalmente llegaron al refugio del bosque donde tras unos pocos metros más Cornellius, cayó incosciente como consecuencia de sus numerosas heridas. Mulo le cargó sobre sus hombros, y siguió avanzando hacia el punto de reunión.
Durante la huida, unos siniestros aullidos iban poco a poco acortando las distancias, hasta que finalmente una pareja de enormes lobos negros montados por dos pequeños giaks, aparecieron entre los arboles, el mulo soltó a Cornellius y se dispuso a enfrentarse a estas temibles criaturas. Empuñando en una mano un hacha y en la otra un espada, esperó hasta poder oler el espeso aliento de sus repugnantes fauces, hasta ver el amarillo de sus ojos sedientos de sangre, y entonces arrojó el hacha, que acabó incrustándose en el velludo craneo de una de las bestias, que cayó estrepitosamente al suelo aplastando a su jinete. El otro lobo infernal pasó a su lado, dando oportunidad a su jinete de intentar ensartar con su lanza al mulo, pero este logró esquivar el golpe, dandole tiempo a recoger el hacha y esperar de nuevo a la criatura. Pero el giak y su montura no se acercaron, temerosos del poderoso negro, se mantuvieron al margen mientras con un cuerno, llamaba a sus compañeros. El negro pactó con el giak para que dejase el cuerno a cambio de unas monedas de oro. El giak movido por la avaricia cedió al trato, y cuando dejó el cuerno y fue hacia las monedas, el negro lo espantó quedandose pues, con el cuerno y el dinero…
Unas horas despues, llegaron al punto de encuentro donde el resto de los compañeros esperaban. Una vez más el monje hizo uso de sus habilidades místicas para sanar parcialmente las heridas del pobre Cornellius, que permanecía inconsciente. Montaron una camilla improvisada, con unas pieles de troll que el mulo portaba, y siguieron la marcha, para alejarse de sus perseguidores y para buscar un río que les ayudara a orientarse, pues desconocían en que parte de Raabe se encontraban.
Al día siguiente, gracias a las milagrosas artes del monje, Cornellius recuperó la consciencia, y llegaron a un pequeño torrente, que fueron siguiendo hasta encontrar un río mayor, que a su vez les condujo hasta un gran río que finalmente reconocieron como el Aloe, es decir, que se encontraban al norte de la Espina, ¡habían cruzado la gran cordillera por debajo! Ante esta nueva perspectiva decidieron seguir rio abajo hasta llegar a alguna ciudad, pero lo que encontraron fueron los signos de la devastación propia de los giaks, granjas arrasadas, hombres, mujeres y niños cruelmente asesinados. Durante el camino, un grupo de supervivientes se han unido al grupo, formado por una mujer y tres niños, cuya familia fue exterminada. Estos supervivientes, aportaron nueva información a nuestros heroes, parece que un señor de los reinos del norte se ha aliado con las oscuras fuerzas que rigen a los Giaks, su nombre Lord Vushep del clan Findal, señor de la fortaleza de Cabeza del Lobo y de la ciudad de Lakoburgo...
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Saliendo de las Cavernas Infernales
Saliendo de las Cavernas

Continuemos con nuestros héroes, aquellos que se encontraban ocultos, ateridos de frio y malheridos, en una oscura caverna plagada de Giaks, Trolls, y los dioses saben que otras extrañas criaturas.

Siendo Néon, el único sano y con ganas, se dedica, mientras sus compañeros se recuperan, a explorar la gran caverna en la que se encuentran. En ella hay varios campamentos de estas malvadas criaturas, y en el centro está una especie de campo de prisioneros, donde los humanos son tratados como esclavos, en una enorme fábrica de armamento militar. En esta factoria, hay armeros forjando armas y armaduras para equipar a un ejercito, así como piezas de maquinaria militar para asedio. Dicho material, así como los cadáveres que se amontonan, suben por unos túneles en vagonetas. Espiando más de cerca el campo de prisioneros, descubre que los Giaks, tienen un humano preso, cuya labor es la de ser el médico de los esclavos, de esta manera, los pobres desgraciados, duran más tiempo en este infierno. Néon consigue contactar con el médico, el cual ante la esperanza de tener ayuda para salir de el laberinto de túneles, no duda en salir del recinto y acompañarle. El sanador, resultó ser un monje del Dragón, capturado hace más de un mes y conducido alli junto con otros esclavos. Este monje tiene la beneficiosa capacidad de sanar con el poder de su fe en la fuerza del Dragón, y a las pocas horas de estar con los heridos, éstos se encontraban perfectamente como si nada hubiese pasado. Para evitar que les cazaran como a conejos cuando los Giaks se dieran cuenta de la desaparición del Sanador, decidieron marchar cuanto antes, colandose en un tren de vagonetas de los que suben por los túneles. Cuando un tren de siete vagonetas cargadas de piezas de armadura subía por uno de los túneles, nuestros amigos se subieron, colocandose cada uno en una vagoneta. Y pacientemente esperaron, mientras las vagonetas iban subiendo. El primer acontecimiento extraño sucedió cuando repentinamente el tren se detuvo, dejando de subir, cuando empezaron a pensar que habían sido descubiertos, y se bajaron de las vagonetas, para seguir a pie, éstas volvieron a ponerse en marcha, extrañados volvieron a subirse. Al cabo de un largo tiempo indeterminado, vieron luz al final del tunel, por lo que se prepararon por lo que pudiera suceder. El corredor, llegaba a una caverna iluminada, nuestros amigos, descendieron de las vagonetas, y se ocultaron en uno de los lados, en dicha caverna había una gran rueda, donde tres gigantescos trolls estaban encadenados y que hacían girar para subir el tren de vagonetas. Además de los trolls, habían unos cuatro o cinco Giaks, que supervisaban que todo estubiera bien, y que enganchaban las vagonetas a otra cadena que seguía subiendo por otro corredor. Cubiertos por las vagonetas nuestros heroes, consiguieron pasar sin ser descubiertos, aunque uno de los trolls, pareció olfatear algo extraño, y estuvo a punto de descubrirles al remover el contenido de una de las vagonetas. Así pues continuaron la ascensión por los túneles, de manera similar a unas horas antes, el tren se paró inesperadamente durante un largo periodo de tiempo, para volver a ponerse de nuevo en marcha sin previo aviso. Y así las horas fueron pasando hasta llegar a otra caverna de gran tamaño, aqui el peligro era mayor, al dividirse los railes en dos, para subir por distintos tuneles. También aqui había Giaks, tres grupos de cuatro, y otra rueda con tres trolls haciendola girar. Esta vez no hubo tanta suerte, el tren de vagonetas, fue desviado por el rail que iba hacia el tunel de la derecha, pasando demasiado cerca de los Giaks para no ser visto, la batalla era inevitable. Efectivamente cuando la vagoneta estaba a medio camino, uno de los Giaks dio la voz de alarma, la matanza estaba servida. Como activados por un resorte, nuestros amigos, salieron disparados abriendose paso entre los Giaks, que se iban amontonando a sus pies, “Mulo” era como un torbellino con su enorme mandoble, Néon y Cornellius, se hicieron fuertes junto a las vagonetas. Mientras las armas subían y bajaban cual danzarines de la muerte, los trolls estaban cada vez más furiosos por el intenso olor de la sangre que comenzaba a inundar la caverna, uno de ellos no tardó en romper las cadenas que le mantenían atado a la rueda, y raudo acudió a por algo de sangre humana, pero lo único que encontró fue medio metro del espadón de “Mulo” su cerebro, cayendo al suelo antes de saber que ocurría. Mientras los Giaks seguían combatiendo en varios frentes, por un lado con Tavik y Cornellius, y por otro con el monje y Néon, otro de los trolls se soltó haciendo esta vez presa en Néon, el cual lucho valientemente contra la terrible bestia, pero sus espadazos rebotaban una y otra vez contra la dura piel de la criatura. “Mulo” acudió a ayudar a su compañero, pero una saeta disparada por un Giak, y el otro Troll que se acacaba de soltar impidieron que la ayuda fuera todo lo que buena que hubieramos deseado. Así pues, mientras “El mulo” despachaba al segundo Troll, Néon era usado como arma de mano contra Cornellius, por la tercera de estas bestias. Prácticamente al mismo tiempo, el “mulo” terminó con el segundo troll, y Tavik con el tercero, terminando así lo que se conoce como “La batalla de los acechadores de las vagonetas”...

Tras hacer trabajara al monje empleando sus artes curativas en los heridos, decidieron seguir subiendo por uno de los túneles, buscando llegar a la superficie de una vez y con algo de prisa, porque es previsible que la persecución sea inminente….

¿lograrán nuestros amigos llegar a la superficie?

¿que se encontrarán allí arriba?

¿podrá el monje afeitarse la cabeza?

¿encontrara el “mulo”, una armadura de su tamaño?

Todas estas y algunas otras preguntas, serán respondidas en futuras crónicas… salud y ya sabeis, cuando veais unas vagonetas, ... ¡huid insensatos!

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Mientras tanto, no muy lejos de allí.
Prologo

Mientras nuestros amigos investigan y exploran el mundo y el submundo para intentar averiguar que demonios está ocurriendo, el Imperio también a puesto su maquinaria a funcionar buscando el mismo objetivo que nuestros héroes. Pare ello encargo al ministerio de información, en colaboración con el ministerio de justicia y el ministerio de la guerra, que formara grupos de incursión en terreno dominado por los Giaks, para intentar conseguir algún tipo de información útil. Para ello, rastrearon la prisiones del imperio en busca de presos condenados a muerte, y les dieron la opción de lograr el indulto Imperial, si llevaban a cabo estas peligrosas misiones. Narraremos en nuestras crónicas las aventuras de uno de estos grupos, el formado por :

  • El mulo”. Así apodan a este gigantesco negro proveniente de más alla de las islas remotas y adorador de extraños dioses, guerrero feroz, acusado de pirateria, y de colaboración con traidores al imperio.
  • Cornellius Balzoth. Apenas un chaval, pero con madera de héroe. Es un claro ejemplo de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Acusado de violación y asesinato, aunque insiste que no conocía a la chica.
  • Néon”. Es el extraño apodo de este poco agraciado mercenario, pirata, bandido, traficante y asesino. También carne de horca, si no fuera por esta extraña misión a la que se apuntó sin dudarlo.
  • Tavik. Este ex-legionario es el lider de la expedición, asesino, mercenario, bandido, es conocido entre los mercenarios por su crueldad.
  • Nuvellen. Esta escurridiza sabandija criada en los bajos fondos de Saro antes de la reconquista, tambien tenía una cita con el cadalso, pero ha preferido posponerla aceptando la misión.
  • Falwik. Otro gigante bestial, abusón, cruel, aunque con poco seso. Ha violado, asesinado, y disfrutado con ello, y su destino era la horca, antes de que se le presentara esta oportunidad.
Este es el “simpático” grupo de scouts, que deben adentrarse en terreno tomado por los Giaks, para ver si consiguen algún tipo de información, campamentos base, número de tropas, abastecimiento, líderes, tácticas, lo que sea que el Imperio considere justo a cambio de rescindir sus penas de muerte.

En estos momentos, cinco de los miembros de este grupo se encuentran en las profundidades de una enorme y absolutamente oscura caverna, perseguidos por Giaks, y Trolls. Con el joven Cornellius, y el mulo, gravemente heridos. Ocultos tras una catarata subterranea rezando a sus dioses para que no les descubran, e intentando sanar sus heridas.

¿Como llegaron a esta desagradable situación? pues la historia es larga, pero intentaré resumirla para no aburrir a la audiencia. Salieron de Drak en dirección a Dursha, una de las ciudades imperiales perdidas por la ofensiva de los Giaks. Evitando caminos y vias principales, se adentraron en los bosques cercanos a dicha ciudad. Una de las noches atacaron a un grupo de Giaks que transportaban en un carro-jaula a tres personas, durante este ataque acabaron con todos los Giaks, pero Falwik resulto herido por una de las ponzoñosas armas de los Giaks, sufriendo grandes fiebres y dolores. Dejaron a Falwik al cuidado de los tres presos liberados del carro, deseandoles suerte en su camino de vuelta a Drak, mientras ellos continuaron camino. Tras varios dias ocultos en los bosques, descubrieron unas misteriosas sendas en lo profundo de los bosques que los Giaks utilizaban constantemente. Siguiendo una de ellas, acabaron adentrandose en una cueva excavada en la tierra, ésta cueva no era natural, pues incluso encontraron railes que conducían vagonetas con escombros. La cueva resulto ser uno de los extremos de un entramado laberinto de túneles y corredores que poco a poco se adentraban en las profundidades del mundo. Muchas cosas interesantes descubrieron, como a un Troll capturado por los Giaks, al que le daban de comer a prisioneros humanosm ¡vivos!. En un momento dado, fueron descubiertos, y comenzó el cataclismo, patrullas giaks, comenzaron a perseguirles, e incluso tuvieron un encuentro con un Troll, al que consiguieron abatir. Finalmente descubrieron una enorme caverna de altos techos, a la que llegaban numerosos túneles y donde las vagonetas se cargaban de escombros para salir de nuevo a la superficie. En esta caverna, había humanos esclavizados, trabajando en unas enormes forjas, de la que salían armas, armaduras y máquinas de guerra. Cuando algún humano moría de agotamiento, era inmediatamente depositado en vagonetas para que los sacaran con el resto de los escombros. Afortunadamente encontraron una catarata subterranea con una pequeña oquedad en la que podrían descansar y curar sus heridas.

Pronto continuaremos con las crónicas de estos involuntarios héroes, y esperemos que felizmente…

Saludos, y disfrutad de vuestra vida, mientras el Imperio os protege…

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