Guerra Total en Raabe

Es la hora de Volver
Media vuelta de nuevo
Los dos norteños yacían incoscientes en el suelo, el monje se había encargado de curar sus heridas para evitar que se desangraran hasta la muerte, aunque en su fuero interno dudaba de si eso había sido un acto de piedad o una crueldad mayúscula. El mulo miraba a ambos con ojos de depredador, sin dejar de afilar sus cuchillos. Wotan, no paraba de preguntar – ¿se han despertado, ya? -, con el cuchillo en la mano, indicando que su pregunta no simbolizaba preocupación por la salud de los heridos. Pero el que más inquietaba al monje, era Cornellius, pues miraba de reojo a los norteños tendidos en el suelo con una siniestra sonrisa, que se transformaba en ocasiones en una risilla nerviosa.

Por fin, los dos jinetes norteños recuperaron la consciencia y más les valdría no haber despertado nunca, pues lo que sucedió a continuación no lo podían haber imaginado ni en sus peores pesadillas. Tras ser interrogados y amenazados, los dos prisioneros contaron que pertenecían al clan Grejeon, siempre fiel al clan Findal, iban de Lakoburgo a los dominios de su clan. Pero hasta aquí duraron las bondades, se acabó el interrogatorio, y comenzaron los golpes, amenazas psicológicas, culminando toda la sesión, en un horrible ritual sádico perpetrado por Cornellius, donde las lenguas de ambos hombres fueron cruelmente cortadas. El monje poco pudo hacer, salvo cauterizar sus heridas para, una vez, más impedir su pronta muerte.

El siguiente paso, era retomar la marcha para alcanzar al grupo de Giaks con los prisioneros, pues ahora contaban con caballos y previsiblemente antes de anochecer podrían encontrarse con ellos. El que hacer en ese momento era algo en lo que preferían no pensar. Se llevaron consigo todos los caballos de los norteños así como a los prisioneros por si llegado el momento era necesario negociar.

Es de mención notar que tanto Wotan, como el monje, solo habían visto caballos de lejos, nunca antes habían montado en uno. Pero pese a algunos percances iniciales, lograron ensillar y comenzar la marcha.

KraanCuando apenás llevaban unas horas montando, un enorme pájaro infernal apareció desde el horizonte. Realizó un par de vueltas de reconocimiento a gran altura, siguiendo su camino hacía el oeste. Pero entonces, para sorpresa de todos, el mulo, sacó una cornetilla que había robado a un Giak hace unos días, y comenzó a hacerla sonar, a la vez que hacía numerosos aspavientos. El gran pájaro giró y volvió ha girar en grandes círculos sobre el grupo de jinetes, solo que esta vez a menor altura. Debido a la inclinación del pájaro, pudieron comprobar que iba montado por una criatura humanoide, de siniestro aspecto. Tras unos instantes de tensión, el pájaro emitió un penetrante chillido y partió rumbo norte, hacia Lakoburgo, el lugar desde donde presumiblemente había venido. Es facil suponer que los más de dos metros de altura y su siempre amenazante aspecto, disuadieron al resto del grupo a preguntar al mulo porqué había hecho semejante tontería, igual es debido al estrés de guerra.

Unas horas después acabaron alcanzando al grupo de Giaks, cuyo número había aumentado a lo largo de los días conforme se le iban uniendo diferentes grupos. Ahora se contaban por varias decenas, yendo casi la mitad de ellos montados a lomos de lobos infernales. Conforme el grupo se acercaba a los Giaks, estos comenzaron a aminorar la marcha y a formar en círculo en previsión de cualquier incidencia, dejando a los prisioneros que aún vivían en el centro. Manteniendo en todo momento las distancias, el mulo comenzó a lanzar imprecaciones, a los Giaks buscando que estos abandonaran la seguridad de la formación, en un ataque, a ser posible, solitario y suicida contra el enorme jinete montado a caballo. En varias ocasiones los Giaks intentaron avanzar para encontrarse con el grupo, pero estos siempre mantuvieron una distancia prudencial. Wotan intentó acertar con sus flechas a alguno de los líderes Giaks, pero sin demasiado éxito, éstos por su parte aprovecharon también un par de momentos para lanzar una andanada de saetas con sus ballesteros, pero también con poco éxito. En uno de los avances de los Giaks, nuestros “héroes” decidieron que sus prisioneros se bajaran del caballo. Pese a los intentos de negarse de estos, fueron cruelmente abandonados. Y así, atados, mutilados, y malheridos, fueron masacrados por los primeros lobos infernales que les dieron alcance, poniendo fin a su sufrimiento para siempre. Cuando el sol estaba cerca de ocultarse, se decidió, sabiamente, que no era conveniente estar cerca cuando se hiciera de noche. Por lo que comenzaron a marcharse, pero el joven Wotan no pudo reprimir su impulso hormonal, y decidió hacer una rápida cabalgada a lomo de su caballo acercándose lo más posible al nutrido grupo de enemigos, a ver si entre los presos podría ver a su amiga. Cuando creyó haberla visto, y ya se volvía una andanada de saetas salió disparada en su dirección con la mala fortuna de que una le acertó en la pierna y otra en plena cara, eso junto con su inexperiencia como jinete provocaron que cayera al suelo, quedando ahí aturdido y medio muerto. Un enorme aullido de alegría multitudinario salió del grupo de Giaks, del que unos cuantos Lobos Infernales salieron raudos a cazar a su nueva presa. Los compañeros de Wotan sin pensárselo dos veces, emprendieron a su vez una carrera para alcanzar a éste antes que los lobos. Wotan aturdido comenzó a correr en dirección a sus amigos, pero cuando apenas llevaba unas pocas decenas de metros, cayó inconsciente debido a sus graves heridas. El mulo, fue el primero en llegar, su enorme tamaño le fue de gran ayuda para agarrar a Wotan por el cinto y subirlo a la montura. Instantes después llegaron los lobos, con los que se cruzó esquivando las lanzas de sus jinetes. Cornellius, y el monje también se cruzaron con el grupo de los lobos, pero sin sufrir bajas por ninguna de las partes. Afortunadamente la mayor rapidez de los caballos frente a la de los lobos, les permitió poner tierra de por medio.

Y así llegó la noche, el monje curó como pudo las heridas de Wotan, pero este aun permanecería inconsciente unas horas más. La excelente visión en la oscuridad que posee el monje, les permitiría seguir avanzando, por lo que decidieron seguir la marcha por si los Giaks, habían mandado un grupo en su busca. Fue una vez más, gracias al monje, que pudieron prevenirse, al ver éste, contrastadas con las estrellas un grupo de pájaros gigantes como el que habían visto el día anterior. Permanecieron ocultos bajo una estructura rocosa, hasta que los pájaros descendieron. Durante este tiempo Wotan se despertó pero aun dolorido y aturdido. Entonces decidieron proseguir la marcha. Al poco rato a unas pocas decenas de metros, destacada contra el horizonte, en una agrupación de rocas el monje vio la silueta humanoide y encapuchada. Cuando se disponía a avisar a sus compañeros, notó una desagradable sensación dentro de su cerebro, como si unos siniestros dedos hurgaran en su cabeza buscando donde existía un punto débil. Sin pensárselo dos veces, corrió hacia las rocas gritando, la silueta desapareció tras éstas, para momentos después salir montada sobre el enorme pájaro. El monje arrojó su lanza que rajó una de las alas de la enorme criatura, cayendo ésta y su jinete de nuevo al suelo. Mientras tanto el resto del grupo encendió una antorcha rápida que tenían preparada para poder ver en caso de un ataque nocturno. Cuando el monje llegó a las rocas de repente una extraña y sobrenatural oscuridad cubrió la zona, no permitiendo ver nada de lo que había en el interior. Decidió permanecer a la espera por si ocurría algo, y ocurrió que el mulo se introdujo en dicha oscuridad gritando como un loco. VordakTambién él notó esa extraña sensación dentro de su cabeza, pero se centró en golpear sin mirar en todas direcciones, entonces durante un instante, un ser con un cráneo pelado donde debería haber una cabeza apareció y le propinó un certero golpe en la pierna. En ese momento el mulo, invocó a su dios, y éste le otorgó la destreza necesaria para propinar un certero golpe en el cráneo de la criatura, rompiéndolo en pedazos. Y la oscuridad volvió mientras caía al suelo.

El resto del grupo dio buena cuenta del pájaro gigante, y el monje, tras concentrarse un rato decidió entrar de nuevo en la oscuridad para enfrentarse a la criatura si aún continuaba con vida. Así permanecieron varios minutos, rodeando la misteriosa área de oscuridad, hasta que de repente, igual que vino, se fue, volviendo a estar claramente iluminada por la luz de las antorchas. Buscando el cuerpo que había golpeado al mulo, solo encontraron una gran gema roja que Cornellius rápidamente cogió. Tras examinarla durante un rato decidió que lo mejor era romperla, por lo que la estrelló contra una roca. El mulo se guardó los pedazos como recuerdo. El monje volvió a usar de sus artes curando milagrosamente la pierna herida del mulo, pudiendo éste andar de nuevo y proseguir la marcha.

Pocas horas antes del amanecer, llegaron al linde del bosque, donde permanecieron descansando, hasta que se hizo de día. Cuando despuntó el alba, a lo lejos pudieron ver como otros tres pájaros gigantes, alzaban el vuelo, girando y explorando la zona, hasta que descendieron todos en un punto probablemente cercano al encuentro con su siniestro compañero. Poco después volvieron a alzar el vuelo, permaneciendo en la zona girando y al acecho, aunque una de las criaturas volvió hacia Lakoburgo. Un poco más protegidos por la cobertura de los árboles, siguieron camino hacia el Imperio, parece que tanta guerra y muerte, por fin les había agotado.

Así pues, volvieron por donde habían venido, eso si, esta vez a caballo. Avanzaron por senderos y caminos de los guardabosques, evitando en la medida de lo posible ser vistos. Para pasar desapercibidos todos embrazaron los escudos de los norteños asesinados, y el mulo se puso un yelmo, así como los guantes y la capa, para ocultar su caracterísitico color de piel. Durante el camino Wotan preguntó a sus compañeros si les importaría que pasasen por el castillo del señor de su clan, para comprobar si su padre sigue con vida. Nadie puso inconvenientes. Parece ser que durante los últimos meses, el padre de Wotan, había ascendido al cargo de castellano del bastión del clan Deurentyr, llamado “Tres Torres”, desde allí, simulando ser fiel al clan, organizaba a los rebeldes que se oponían a los planes del clan Findal, avisando siempre que podía de nuevas partidas de caza o de caravanas importantes para ser atacadas. Pero tras el ataque al campamento de los rebeldes (ver capítulo anterior) Wotan lleva temiéndose lo peor.

Ocho días después llegaron a una encrucijada desde la que se llegaba a Tres Torres, el camino subía hacia las montañas, a media tarde llegaron a un siniestro lugar dominado por dos cabezas clavadas en estacas a cada lado del camino, que a partir de aqui estaba toscamente empedrado. Conforme subían, el frío era cada vez mayor, y comenzaban a aparecer pequeñas manchas de nieve. De vez en cuando una cabeza empalada señalaba siniestramente algún hito en el camino. Por fin cuando la tarde ya caía, llegaron a la fortaleza. Una enorme mole de piedra oscura, descansaba sobre la ladera vertical de una montaña, tres torres destacaban, todas distintas en tamaño y forma, como construidas en distintos momentos de la historia, el silencio y el frio eran la nota predominante.-¿Quién va? – gritó alguien desde las almenas sobre la puerta. - Pertenecemos al clan Grejeon, y vamos de camino. Pedimos hospitalidad para pasar la noche.- Gritó Wotan. De nuevo el silencio dominó la escena, Wotan aguzó la vista para observar detenidamente los muros, sobre ellos en sendas estacas había más cabezas, y una de ellas le era conocida, la cabeza de su padre. Beric Wodgroy, del clan Wodgroy… En ese momento las puertas de la fortaleza comenzaron a abrirse con un profundo chirriar.

Cuatro hombres armados aparecieron a cada lado de la puerta, en sus escudos pintados de amarillo destacaban dos alas rojas. Un quinto hombre comenzó a andar pasando entre ellos en dirección al peculiar grupo que esperaba en la puerta, su gesto era conciliador. –Los hombres de Grejeon siempre son bienvenidos. Pasad y descansad esta noche en paz en esta, la casa Deurentyr….

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Hacia el Lago Negro
Cambiando el rumbo

[...] El grupo se acercó a los cuerpos flotantes en la orilla del rio, y para su asombro, uno de ellos continuaba con vida. Tras reanimarse, el superviviente llamado Wotan, parecía bastante alterado, parece ser que se encontraba de guardia en un campamento, y resultó atacado a traición por unos Giaks. Su mayor deseo en ese momento era averiguar el destino de sus compañeros, por lo que emprendió la marcha hacia dicho lugar. El resto del grupo le acompañó por si necesitaba ayuda. El campamento se encontraba en un pequeño y oculto cañón en la maleza, una grieta en el bosque, que si no fuera por el guía, nunca habrían encontrado. El interior de dicho cañón era una carnicería, cuerpos despedazados y a medio devorar se encontraban por doquier. Tras el impacto inicial por la muerte de algunos de sus compañeros, Wotan pudo percatarse de que entre los muertos no se encontraban todos los que habitaban el campamento, algunos debían seguir vivos. Comenzaron a inspeccionar la zona, estudiando los rastros y huellas del ataque, finalmente dedujeron que el grupo atacante formado por Giaks y Lobos infernales, se habían llevado hacia el noreste un buen número de prisioneros, incluidos mujeres y niños. Esta nueva información bastó para que Wotan, el mulo, Cornellius y el monje decidieran perseguir a los Giaks, para rescatar a los prisioneros, sin embargo Tavik, Nuvellen y Néon, decidieron no cambiar su deseo inicial de seguir rumbo a Bertland, para de allí seguir hacia el Imperio y llevar la información de todo lo que habían visto, y de paso escoltar hasta lugar seguro la familia que encontraron el otro día en la granja arrasada. Tras una emotiva despedida, el grupo que iba hacia el Imperio se marchó, quedandose en el campamento los que se disponían a seguir a los Giaks. Mientras estaban allí esperando para retomar fuerzas para la persecución Wotan les contó la historia de su familia, y de como llegó a esta situación. Como Vushep del clan Findal, unió sus fuerzas a la de los Giaks, para obtener el poder sobre todos los clanes norteños, eliminando a todos los que se oponían a sus designios. De como esto ha generado numerosas rupturas y luchas fraticidas, entre los clanes que seguían apoyando a Vushep, y los que le consideraban un loco peligroso, adorador del “Abismo”. Mientras estaba en mitad del relato, un leve movimiento en lo alto del cañón desveló un atacante. Gracias a esto pudieron moverse a tiempo y esquivar algunos proyectiles, pese a lo cual, el mulo se vió empalado por tres saetas negras… la risa histerica de los Giaks, se repitió por las paredes del cañón. Nuestros amigos se ocultaron en unas pequeñas cavernas provocadas por el antiguo cauce del rio, manteniendose a salvo de los tiradores. El mulo, se encontraba malherido, pero aun consciente, y furibundo. A los pocos minutos, unos lobos infernales montados por sus respectivos jinetes Giaks, aparecieron por el cañón. Tras una arriesgada y sangirenta escaramuza contra los lobos, consiguieron hacerlos huir por donde habían venido, pero una vez más el monje tuvo que hacer uso de sus habilidades curativas, sobre el mulo y Cornellius, que resultaron gravemente heridos. Por ello quedó exhausto y fue necesario descansar, pero esta vez lejos del cañón, y así evitar nuevas emboscadas.

Por fin, a la mañana siguiente comenzaron la persecución del nutrido grupo de Giaks, que llevaba consigo a los supervivientes de la masacre del campamento. Les llevaban un día de ventaja, y la tarea no iba a ser fácil. Cuando llegaba la noche, nuestros heroes caían rendidos en sus sacos de dormir, tras la larga marcha. Así pasaron los días, andando por los bosques, subiendo lomas, buscando sendas que acortaran la distancia. De vez en cuando encontraban los restos de algún prisionero, medio devorado por los lobos, que probablemente no pudo seguir el ritmo marcado por los Giaks. Loa primeroa fueron niños, luego mujeres, y ahora incluso algun hombre. Estudiando el rastro dejado por los Giaks, podían ver que otros grupos se unían a la partida inicial, añadiendo más fuerzas y más prisioneros, en total sumaban más de 50 de esta criaturas, y más de 20 prisioneros. Afortunadamente la fatiga no les dejaba pensar en que iban a hacer en el caso de que se encontraran finalmente con ellos. Una mañana vieron la polvareda inconfundible de un grupo de jinetes, nuestros heroes se ocultaron tras una hondonada, para estudiar si atacaban o no. Los jinetes eran 10 norteños, de los cuales 2 iban pertrechados con cotas de anillos y lanzas de caballería, Wotan los reconoció por sus escudos como aliados de Vushep. Su elevado número, su imponente porte, y las heridas que aun mantenían alguno de los personajes ocultos, les decantaron por dejarles pasar sin atacarles… Y así seguían pasando los días hasta que tras 10 amaneceres, por fin vieron algo distinto, el Lago Negro.

A unas 30 millas, bajando por una gran ladera, una vasta extensión de oscuras aguas, casi negras, de la que no se ve la otra orilla. Tardarían aún un día en llegar hasta allí, pero junto al gran lago se podía ver un nutrido grupo, presumiblemente el grupo al que persiguen y que les lleva una ventaja de varias horas de viaje. Esto les insufla algo de ánimo y prosiguen la marcha, esperanzados. Mientras bajaban por la ladera, con cuidado de no ser vistos, se percataron de que un pequeño grupo de jinetes pasó junto a los Giaks, sin que estos parecieran molestarse. Estos jinetes subían la ladera en dirección a nuestros amigos. Parecían jinetes norteños, uno de los cuales debía de ser de alto rango, pues llevaba cota de anillos y lanza de caballería, el resto hasta contar seis en total, parecían aguerridos soldados. El grupo decidió ocultarse y esperar a la noche, para emboscar a los jinetes cuando acamparan. Dicho y hecho, amparados por la oscuridad, se aproximaron a la zona donde los jinetes se pararon a descansar, y cuando estimaron que la distancia era la adecuada, comenzó un implacable ataque. De los seis jinetes, había dos de guardia, uno de los cuales logró frenar momentaneamente al mulo con diestros golpes de su lanza, Cornellius, ayudó dejándolo fuera de combate de un diestro golpe en la pierna del norteño. Pese a que los norteños lucharon con bravura, la ventaja de la sorpresa, y el hecho de estar recién despertados y sin armadura, no tardó en decantar la balanza hacia los asaltantes nocturnos. Wotan no paró de usar su arco durante el combate no dando un respiro a los sorprendidos jinetes. El monje con sus mortales lanzas, dejó primero fuera de combate al lider antes de que llegase a ponerse en pie, y persiguió y acosó a los que intentaban huir hacia los caballos, con la ayuda de Cornellius. El mulo por segunda vez en pocos días se encontraba gravemente herido por un golpe de mala suerte que casi lo atraviesa de parte a parte, pero vivo.

Finalmente solo dos jinetes sobrevivieron al ataque, aunque yacen incoscientes y mortalmente heridos en el suelo.

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Interludio
Prosiguen la marcha

La luz se filtra entre las altas copas de los árboles, creando un bello juego de colores, con el agua del gran río Aloe. La tranquilidad natural del bosque sólo es interrumpida por el sonido de las pisadas, de un pequeño y variopinto grupo de hombres que avanzan en fila entre la espesura creando una senda a su paso. Observando el grupo más de cerca se cuentan como una decena, de entre los que se pueden ver algunos niños, una mujer, y varios hombres fuertemente armados. No se percibe ningún blasón, ni distintivo reconocible, en ellos. Avanzan silenciosos y decididos, pero con la intranquilidad propia de cualquiera que se mueva en estos oscuros tiempos por el mundo.

A una señal del que va en cabeza la fila se detiene y se agacha, algo flota por el río bajando con la corriente.

Un siniestro desfile de cadáveres empalados en saetas negras con plumas de cuervo, cruzan ante ellos, flotando y llevados por la corriente, desaparecen con la misma velocidad que aparecieron, dejando una oscura mancha escarlata en el río y una sombra en los rostros de los observan la escena.

Un par de esos cuerpos han quedado enganchados en la orilla del río, entre las raíces de un viejo sauce, la corriente les hace moverse con un macabro bamboleo…

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Saliendo de las cavernas Infernales (y II)
De nuevo en el exterior
Queridos amigos seguiremos narrando las aventuras que quedaron en suspenso, de nuestros intrépidos heroes, aquellos que se encuentran en las profundidades de la misma tierra, huyendo y luchando cara a cara contra los servidores de la oscuridad. Sin más preámbulo dejo de parlotear y comienzo a narrar….
Dejada atrás la masacre, el peculiar grupo de guerreros formado por El mulo, Neon, Cornellius, el monje, Tavik y Falwik, prosiguieron montados en las vagonetas tunel arriba. Pasadas las horas y en previsión de una persecución inminente, dado el rastro dejado a su paso, se bajaron de su “comodo” medio de transporte para tomar un tunel transversal de menor tamaño. De esta manera fueron cambiando de tuneles para intentar despistar a todo posible perseguidor, hasta que, previsiblemente, un par de días después, se encontraron con un nuevo ensanchamiento de un tunel desde el cual se oian los iconfundibles aullidos de esas sucias criaturas que son los Giaks. Se adelantaron Neon y Cornellius para investigar, y para su regocijo una ráfaga de aire fresco anunciaba el final del tunel, y una posible salida del infierno subterraneo en el que se encontraban. En una pequeña caverna se encontraban dos trolls dentro de unas fuertes jaulas metálicas, y más allá la luz del día.
El mulo no tardó en empalar con su mandoble a los dos trolls encerrados, y ya más tranquilos salieron a ver la luz del día. El espectáculo no era muy alentador, la caverna daba al interior de un fuerte giak con una empalizada de tres metros de alto. Entre la salida de la caverna y la empalizada, diez extrañas construcciones a modo de gigantescos hormigueros hacían las veces de viviendas o dormitorios de estas repugnantes criaturas, además un hormiguero de mayor tamaño se encontraba en el centro del fuerte, posiblemente el dormitorio del jefe de este fuerte. También había una especie de cercado que contenía en su interior a cinco horribles y enormes lobos negros de siniestro aspecto. La empalizada estaba custodiada por giaks en constante guardia, la única ventaja apreciable, era que la vigilancia parecía estar centrada hacia el exterior del fuerte, no hacia el interior.
Una amplia discusión sobre que hacer a continuación se extendió durante varías horas, mientras el sol bajaba hacía su ocaso, se propusieron varias opciones: - Quedarse escondidos hasta la mañana en el interior de la caverna, eliminando a todo giak que se adentrase en la cueva, y por la mañana aprovechando la luz del día, intentar una huida. - Salir lo antes posible, aprovechando la poca luz que queda, y así pillar por sorpresa a estas viles criaturas. - Entrar en la construcción mayor, esperando encontrar en su interior al jefe y secuestrarlo para usarlo como rehen. Al final contra la opinión de mulo y Cornellius, se decantó hacia la segunda opción. Se señaló un risco que sobresalía a lo lejos sobre el manto de arboles como posible punto de encuentro en caso de disgregación del grupo, y se comenzó poco a poco a salir aprovechando las sombras de la pared de la cueva.
Todo el grupo menos el mulo salió en una dirección, saliendo éste en dirección contraria. Llegaron sin problemas a una zonda de almacenaje, donde había carros, herramientas, y otros utensilios apiñados a la sombra de un tejadillo. Cuando se disponían a seguir andando, un Giak a unos 10 metros de allí dio la alarma señalando con su mugriento dedo en dirección al grupo. Todos a excepción de Cornellius y el Mulo (que se encontraba a varios metros de allí), salieron corriendo, hacia la empalizada, aprovechando el desconcierto de los vigilantes que no esperaban un ataque desde atras, consiguieron llegar a la empalizada y saltar derribando a un par de Giaks, por el camino, cuando el último de los corredores, saltaba la empalizada, otro Giak descubrió a Cornellius, que hallábase oculto tras un carromato. Empezó a correr hacía las construcciones giak, esquivandolos con gráciles saltos, y quiebros espectaculares, rodeando los enormes hormigueros, acabó llegando a la empalizada, pero cuando se encontraba en la plataforma de los vigias dispuesto a saltar hacia el otro lado, un giak traicionero le embistió por la espalda haciendole caer. En este momento el mulo, salió de su escondite, para acudir en ayuda del pobre muchacho. A partir de aqui comenzó la carnicería, varios golpes propinados por los Giaks, que lo tenían rodeado, le hacían sangrar por numerosas heridas, haciendo uso de una sorprendente fuerza de voluntad consiguió saltar hacia el otro lado de la empalizada, con tan mala suerte que cayó sobre su brazo derecho, rompiéndoselo. Mientras se levantaba, los ballesteros apostados en la empalizada y en las torres de vigía, comenzaron a dispararle, acertándole varias veces en brazos, y manos. El mulo mientras tanto consiguió evitar a todos los giaks que intentaron cerrarle el paso, e invocando el poder de Gongar (su dios) saltó la empalizada, mientras los alfanjes de sus enemigos silbaban a su alrededor. Así ambos compañeros juntos se alejaron de la empalizada mientras los ballesteros continuaban disparando, impactando una vez más en el pobre Cornellius… finalmente llegaron al refugio del bosque donde tras unos pocos metros más Cornellius, cayó incosciente como consecuencia de sus numerosas heridas. Mulo le cargó sobre sus hombros, y siguió avanzando hacia el punto de reunión.
Durante la huida, unos siniestros aullidos iban poco a poco acortando las distancias, hasta que finalmente una pareja de enormes lobos negros montados por dos pequeños giaks, aparecieron entre los arboles, el mulo soltó a Cornellius y se dispuso a enfrentarse a estas temibles criaturas. Empuñando en una mano un hacha y en la otra un espada, esperó hasta poder oler el espeso aliento de sus repugnantes fauces, hasta ver el amarillo de sus ojos sedientos de sangre, y entonces arrojó el hacha, que acabó incrustándose en el velludo craneo de una de las bestias, que cayó estrepitosamente al suelo aplastando a su jinete. El otro lobo infernal pasó a su lado, dando oportunidad a su jinete de intentar ensartar con su lanza al mulo, pero este logró esquivar el golpe, dandole tiempo a recoger el hacha y esperar de nuevo a la criatura. Pero el giak y su montura no se acercaron, temerosos del poderoso negro, se mantuvieron al margen mientras con un cuerno, llamaba a sus compañeros. El negro pactó con el giak para que dejase el cuerno a cambio de unas monedas de oro. El giak movido por la avaricia cedió al trato, y cuando dejó el cuerno y fue hacia las monedas, el negro lo espantó quedandose pues, con el cuerno y el dinero…
Unas horas despues, llegaron al punto de encuentro donde el resto de los compañeros esperaban. Una vez más el monje hizo uso de sus habilidades místicas para sanar parcialmente las heridas del pobre Cornellius, que permanecía inconsciente. Montaron una camilla improvisada, con unas pieles de troll que el mulo portaba, y siguieron la marcha, para alejarse de sus perseguidores y para buscar un río que les ayudara a orientarse, pues desconocían en que parte de Raabe se encontraban.
Al día siguiente, gracias a las milagrosas artes del monje, Cornellius recuperó la consciencia, y llegaron a un pequeño torrente, que fueron siguiendo hasta encontrar un río mayor, que a su vez les condujo hasta un gran río que finalmente reconocieron como el Aloe, es decir, que se encontraban al norte de la Espina, ¡habían cruzado la gran cordillera por debajo! Ante esta nueva perspectiva decidieron seguir rio abajo hasta llegar a alguna ciudad, pero lo que encontraron fueron los signos de la devastación propia de los giaks, granjas arrasadas, hombres, mujeres y niños cruelmente asesinados. Durante el camino, un grupo de supervivientes se han unido al grupo, formado por una mujer y tres niños, cuya familia fue exterminada. Estos supervivientes, aportaron nueva información a nuestros heroes, parece que un señor de los reinos del norte se ha aliado con las oscuras fuerzas que rigen a los Giaks, su nombre Lord Vushep del clan Findal, señor de la fortaleza de Cabeza del Lobo y de la ciudad de Lakoburgo...
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Saliendo de las Cavernas Infernales
Saliendo de las Cavernas

Continuemos con nuestros héroes, aquellos que se encontraban ocultos, ateridos de frio y malheridos, en una oscura caverna plagada de Giaks, Trolls, y los dioses saben que otras extrañas criaturas.

Siendo Néon, el único sano y con ganas, se dedica, mientras sus compañeros se recuperan, a explorar la gran caverna en la que se encuentran. En ella hay varios campamentos de estas malvadas criaturas, y en el centro está una especie de campo de prisioneros, donde los humanos son tratados como esclavos, en una enorme fábrica de armamento militar. En esta factoria, hay armeros forjando armas y armaduras para equipar a un ejercito, así como piezas de maquinaria militar para asedio. Dicho material, así como los cadáveres que se amontonan, suben por unos túneles en vagonetas. Espiando más de cerca el campo de prisioneros, descubre que los Giaks, tienen un humano preso, cuya labor es la de ser el médico de los esclavos, de esta manera, los pobres desgraciados, duran más tiempo en este infierno. Néon consigue contactar con el médico, el cual ante la esperanza de tener ayuda para salir de el laberinto de túneles, no duda en salir del recinto y acompañarle. El sanador, resultó ser un monje del Dragón, capturado hace más de un mes y conducido alli junto con otros esclavos. Este monje tiene la beneficiosa capacidad de sanar con el poder de su fe en la fuerza del Dragón, y a las pocas horas de estar con los heridos, éstos se encontraban perfectamente como si nada hubiese pasado. Para evitar que les cazaran como a conejos cuando los Giaks se dieran cuenta de la desaparición del Sanador, decidieron marchar cuanto antes, colandose en un tren de vagonetas de los que suben por los túneles. Cuando un tren de siete vagonetas cargadas de piezas de armadura subía por uno de los túneles, nuestros amigos se subieron, colocandose cada uno en una vagoneta. Y pacientemente esperaron, mientras las vagonetas iban subiendo. El primer acontecimiento extraño sucedió cuando repentinamente el tren se detuvo, dejando de subir, cuando empezaron a pensar que habían sido descubiertos, y se bajaron de las vagonetas, para seguir a pie, éstas volvieron a ponerse en marcha, extrañados volvieron a subirse. Al cabo de un largo tiempo indeterminado, vieron luz al final del tunel, por lo que se prepararon por lo que pudiera suceder. El corredor, llegaba a una caverna iluminada, nuestros amigos, descendieron de las vagonetas, y se ocultaron en uno de los lados, en dicha caverna había una gran rueda, donde tres gigantescos trolls estaban encadenados y que hacían girar para subir el tren de vagonetas. Además de los trolls, habían unos cuatro o cinco Giaks, que supervisaban que todo estubiera bien, y que enganchaban las vagonetas a otra cadena que seguía subiendo por otro corredor. Cubiertos por las vagonetas nuestros heroes, consiguieron pasar sin ser descubiertos, aunque uno de los trolls, pareció olfatear algo extraño, y estuvo a punto de descubrirles al remover el contenido de una de las vagonetas. Así pues continuaron la ascensión por los túneles, de manera similar a unas horas antes, el tren se paró inesperadamente durante un largo periodo de tiempo, para volver a ponerse de nuevo en marcha sin previo aviso. Y así las horas fueron pasando hasta llegar a otra caverna de gran tamaño, aqui el peligro era mayor, al dividirse los railes en dos, para subir por distintos tuneles. También aqui había Giaks, tres grupos de cuatro, y otra rueda con tres trolls haciendola girar. Esta vez no hubo tanta suerte, el tren de vagonetas, fue desviado por el rail que iba hacia el tunel de la derecha, pasando demasiado cerca de los Giaks para no ser visto, la batalla era inevitable. Efectivamente cuando la vagoneta estaba a medio camino, uno de los Giaks dio la voz de alarma, la matanza estaba servida. Como activados por un resorte, nuestros amigos, salieron disparados abriendose paso entre los Giaks, que se iban amontonando a sus pies, “Mulo” era como un torbellino con su enorme mandoble, Néon y Cornellius, se hicieron fuertes junto a las vagonetas. Mientras las armas subían y bajaban cual danzarines de la muerte, los trolls estaban cada vez más furiosos por el intenso olor de la sangre que comenzaba a inundar la caverna, uno de ellos no tardó en romper las cadenas que le mantenían atado a la rueda, y raudo acudió a por algo de sangre humana, pero lo único que encontró fue medio metro del espadón de “Mulo” su cerebro, cayendo al suelo antes de saber que ocurría. Mientras los Giaks seguían combatiendo en varios frentes, por un lado con Tavik y Cornellius, y por otro con el monje y Néon, otro de los trolls se soltó haciendo esta vez presa en Néon, el cual lucho valientemente contra la terrible bestia, pero sus espadazos rebotaban una y otra vez contra la dura piel de la criatura. “Mulo” acudió a ayudar a su compañero, pero una saeta disparada por un Giak, y el otro Troll que se acacaba de soltar impidieron que la ayuda fuera todo lo que buena que hubieramos deseado. Así pues, mientras “El mulo” despachaba al segundo Troll, Néon era usado como arma de mano contra Cornellius, por la tercera de estas bestias. Prácticamente al mismo tiempo, el “mulo” terminó con el segundo troll, y Tavik con el tercero, terminando así lo que se conoce como “La batalla de los acechadores de las vagonetas”...

Tras hacer trabajara al monje empleando sus artes curativas en los heridos, decidieron seguir subiendo por uno de los túneles, buscando llegar a la superficie de una vez y con algo de prisa, porque es previsible que la persecución sea inminente….

¿lograrán nuestros amigos llegar a la superficie?

¿que se encontrarán allí arriba?

¿podrá el monje afeitarse la cabeza?

¿encontrara el “mulo”, una armadura de su tamaño?

Todas estas y algunas otras preguntas, serán respondidas en futuras crónicas… salud y ya sabeis, cuando veais unas vagonetas, ... ¡huid insensatos!

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Mientras tanto, no muy lejos de allí.
Prologo

Mientras nuestros amigos investigan y exploran el mundo y el submundo para intentar averiguar que demonios está ocurriendo, el Imperio también a puesto su maquinaria a funcionar buscando el mismo objetivo que nuestros héroes. Pare ello encargo al ministerio de información, en colaboración con el ministerio de justicia y el ministerio de la guerra, que formara grupos de incursión en terreno dominado por los Giaks, para intentar conseguir algún tipo de información útil. Para ello, rastrearon la prisiones del imperio en busca de presos condenados a muerte, y les dieron la opción de lograr el indulto Imperial, si llevaban a cabo estas peligrosas misiones. Narraremos en nuestras crónicas las aventuras de uno de estos grupos, el formado por :

  • El mulo”. Así apodan a este gigantesco negro proveniente de más alla de las islas remotas y adorador de extraños dioses, guerrero feroz, acusado de pirateria, y de colaboración con traidores al imperio.
  • Cornellius Balzoth. Apenas un chaval, pero con madera de héroe. Es un claro ejemplo de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Acusado de violación y asesinato, aunque insiste que no conocía a la chica.
  • Néon”. Es el extraño apodo de este poco agraciado mercenario, pirata, bandido, traficante y asesino. También carne de horca, si no fuera por esta extraña misión a la que se apuntó sin dudarlo.
  • Tavik. Este ex-legionario es el lider de la expedición, asesino, mercenario, bandido, es conocido entre los mercenarios por su crueldad.
  • Nuvellen. Esta escurridiza sabandija criada en los bajos fondos de Saro antes de la reconquista, tambien tenía una cita con el cadalso, pero ha preferido posponerla aceptando la misión.
  • Falwik. Otro gigante bestial, abusón, cruel, aunque con poco seso. Ha violado, asesinado, y disfrutado con ello, y su destino era la horca, antes de que se le presentara esta oportunidad.
Este es el “simpático” grupo de scouts, que deben adentrarse en terreno tomado por los Giaks, para ver si consiguen algún tipo de información, campamentos base, número de tropas, abastecimiento, líderes, tácticas, lo que sea que el Imperio considere justo a cambio de rescindir sus penas de muerte.

En estos momentos, cinco de los miembros de este grupo se encuentran en las profundidades de una enorme y absolutamente oscura caverna, perseguidos por Giaks, y Trolls. Con el joven Cornellius, y el mulo, gravemente heridos. Ocultos tras una catarata subterranea rezando a sus dioses para que no les descubran, e intentando sanar sus heridas.

¿Como llegaron a esta desagradable situación? pues la historia es larga, pero intentaré resumirla para no aburrir a la audiencia. Salieron de Drak en dirección a Dursha, una de las ciudades imperiales perdidas por la ofensiva de los Giaks. Evitando caminos y vias principales, se adentraron en los bosques cercanos a dicha ciudad. Una de las noches atacaron a un grupo de Giaks que transportaban en un carro-jaula a tres personas, durante este ataque acabaron con todos los Giaks, pero Falwik resulto herido por una de las ponzoñosas armas de los Giaks, sufriendo grandes fiebres y dolores. Dejaron a Falwik al cuidado de los tres presos liberados del carro, deseandoles suerte en su camino de vuelta a Drak, mientras ellos continuaron camino. Tras varios dias ocultos en los bosques, descubrieron unas misteriosas sendas en lo profundo de los bosques que los Giaks utilizaban constantemente. Siguiendo una de ellas, acabaron adentrandose en una cueva excavada en la tierra, ésta cueva no era natural, pues incluso encontraron railes que conducían vagonetas con escombros. La cueva resulto ser uno de los extremos de un entramado laberinto de túneles y corredores que poco a poco se adentraban en las profundidades del mundo. Muchas cosas interesantes descubrieron, como a un Troll capturado por los Giaks, al que le daban de comer a prisioneros humanosm ¡vivos!. En un momento dado, fueron descubiertos, y comenzó el cataclismo, patrullas giaks, comenzaron a perseguirles, e incluso tuvieron un encuentro con un Troll, al que consiguieron abatir. Finalmente descubrieron una enorme caverna de altos techos, a la que llegaban numerosos túneles y donde las vagonetas se cargaban de escombros para salir de nuevo a la superficie. En esta caverna, había humanos esclavizados, trabajando en unas enormes forjas, de la que salían armas, armaduras y máquinas de guerra. Cuando algún humano moría de agotamiento, era inmediatamente depositado en vagonetas para que los sacaran con el resto de los escombros. Afortunadamente encontraron una catarata subterranea con una pequeña oquedad en la que podrían descansar y curar sus heridas.

Pronto continuaremos con las crónicas de estos involuntarios héroes, y esperemos que felizmente…

Saludos, y disfrutad de vuestra vida, mientras el Imperio os protege…

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