Acromion, el monje herrante.

Apenas vestido con harapos, con dos lanzas, un cayado y un zurrón lleno de vendas y yerbas.

Description:

Acromion, es el nombre que adquirí cuando entré al servicio del Dragón. Acromion es el hueco que hay en el hueso del hombro (escápula superior) sobre la que gira la cabeza del húmero. Mi maestro me lo puso porque mi don y mi formación se centraron en apoyar al brazo armado del Dragón, “que la fuerza del ataque del dragón descanse sobre ti…” Mis padres in embargo me llamaron Damián Claste, aunque ya nadie recuerde este nombre.

Bio:

Nací en Saro y tempranamente me decanté por la vida religiosa, ingresé como novicio a los 12 años y al cumplir los 18 años fui ordenado como monje dragón y destinado a Drak. Desde luego mi entrada al monasterio a muy temprana edad, mi ordenación, mi entrenamiento físico y espiritual. Al terminar mi etapa de internamiento, solicité pasar a la vida mendicante para volver a tomar contacto de la realidad.
Mi primer objetivo fue peregrinar a Saro en busca de mi familia como paso previo a ir Drak a desarrollar mis habilidades curadoras con los grandes maestros de la orden, antes de llegar nos encontramos con la horda de giaks que destruyeron Saro y fui tomado como prisionero por los Giaks y llevado a las minas de la espina.

Me gusta hablar con la gente de la calle, introducirme entre el campesinado, disfrutar de los placeres cotidianos del burgo como una partida de dados, una conversación, una canción de fogata. La estricta reglamentación de los horarios de los monjes me ha hecho valorar el hecho de tomarte tu tiempo para las cosas. Me gusta conocer sobre otras religiones, ya que el Dragón es benevolente con otras creencias. Creo firmemente en la actitud compensatoria de la vida, si alguien habla mucho, alguien debe escuchar mucho, si alguien golpea debe ser golpeado, si alguien juzga ha de ser juzgado… No hay nada que odie, pero me molesta mucho el abuso y la explotación, así como el esclavismo. En cuanto a la hora de comer, siempre que pueda elegir comeré plantas en vez de animales y/o peces.

Como monje mendicante ha de vestirse con lo que le den, pero por lo general le gustan las ropas amplias que le permitan ejercitarse bien. Me gusta ir bien aseado y limpio por eso me lavo dos veces al día (al amanecer y al anochecer). También me gusta que mi ropa vaya limpia y arreglada, pero como vivo de la mendicidad no puedo elegir lo segundo… Por lo general soy cercano al sufrimiento y a la enfermedad, pero también tengo una cierta faceta altiva cuando defiendo algo que considero justo. Suelo tener buen sentido del humor para todo pero a veces me han sacado de mis casillas.

Cualquiera que quiera estar de mi parte es mi amigo, tan pronto defenderá a un imperial en apuros como a un bárbaro de la unidad, por lo general tiende a posicionarse en la parte del más débil.

Evidentemente no me gustan los Giaks pero nadie dijo que debiéramos convivir con ellos, cada especie tiene su hábitat si estos se respetan la balanza estará equilibrada. El hecho de que Vushep haya adoptado a estas criaturas como aliados, que su propia religión llama “del abismo” les posiciona al otro lado del campo de batalla. Si bien supongo que en estado natural estas criaturas deben de ser una muestra más de la vida del Dragón actualmente están alterados y se comportan de modo abusivo y brutal por lo que la ley de la compensación dice que han de recibir lo mismo que dieron para entender que provoca en los demás.

En su vida no ha tenido muchas oportunidades de relacionarse sentimentalmente y tampoco me ha interesado mucho. Evidentemente reconoce la belleza en la mujer y le gusta. Pero es más un enamorado del fluir del Dragón, es un enamorado de la vida.

Creía que no temía a nada, pero últimamente ha visto cosas que le han causado pavor, no por el daño que le pudieran hacer a él, pues su vida no tiene más valor que lo que sea capaz de hacer con ella. Si no por el daño que pueden hacer en la balanza cósmica. Mi posesión más preciada es mi fe en el Dragón, no tengo ninguna más. Ahora la vida es más fácil con mi mochila de ungüentos y yerbas y mi cayado.

Mis objetivos…A corto plazo detener la guerra que se aproxima, equilibrar la balanza. Para ello he de viajar por territorio de los bárbaros y buscando a Turón, aquel cuyo destino está ligado a Rag…

En el caso de no conseguirlo dejar su condición de monje mendicante para pasar a ser monje guerrero (que de facto ya lo ha hecho).

A largo plazo no lo tengo claro, el Dragón decidirá si me dedicaré al servicio a los demás, a la vida académica, a la vida guerrera, o simplemente a vivir de sanador allí donde va a cambio de comida, alojamiento, ropa, útiles para seguir sanando…Levantarme, rezar, comer, hacer mis formas (katas) allí donde nadie me ve o si esto no es posible hago meditación o yoga, lavarme, visitar a los enfermos… y lo que toque cada día. Antes de acostarme sigo la misma rutina pero al revés.

De forma general pienso que hay que permitir que las minorías participen del gobierno de la mayoría, el que es escuchado no se rebela. La rebelión es una forma de compensar la balanza ante el abuso de la mayoría. La violencia es una forma desagradable de compensación, por desgracia a veces es necesaria y debemos estar preparados para ejercerla de manera responsable. He peleado mucho, he sido gravemente herido, he herido gravemente y también he curado a algunos de los que he herido. He matado y he sido muerto… y si sigo aquí es porque he de encontrar cual es el puzzle magistral del que soy pieza. Siempre se me entrenó para entender que el Dragón tiene elegido un camino para nosotros que podemos decidir andar o huir. Pero ahora tengo la certeza de que mi camino será fundamental para el desarrollo de los acontecimientos por lo que no puedo fallar.

Estoy orgulloso de haber frustrado alguno de los planes de Vushep. Mi condición de monje y de “dotado” son motivo de orgullo, pero también de responsabilidad. Me avergüenzo de haber fallado en algún momento de mi cometido.

Acromion, el monje herrante.

Guerra Total en Raabe Irwing_De_RyeR